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Enséñame a escribir para leerte mejor (5)

Fundamentos del diálogo narrativo.

El diálogo narrativo es fundamental en la construcción de una historia, porque revela datos de los personajes, sus emociones, sus motivaciones, sus relaciones con los demás protagonistas. Es un gran recurso para los escritores. Nos ayuda a avanzar la trama y aporta dinamismo.

Abordamos algunas claves en el programa número 5 de Radio Realejos ENSÉÑAME A ESCRIBIR PARA LEERTE MEJOR.

CONSEJOS RÁPIDOS:

Intenta que tus diálogos suenen naturales y creíbles. Ten en cuenta que cada línea de diálogo debe tener un propósito. Ten cuidado con las acotaciones, pueden arruinar el diálogo si afectan al ritmo y flujo.

Escucha cómo hablan las personas en la vida real y adapta esas conversaciones a tus personajes, pero asegúrate de que cada palabra tenga un propósito en la historia.

Los libros como medicina: reflexiones literarias

Enséñame a escribir para leerte mejor (4)

Cuarto programa en torno a la creación literaria. Interesante reflexión que surgió durante la emisión: Los libros curan. No están en las farmacias, en blísters. Tampoco caducan. Es una medicina que se puede compartir.

El «punto de no retorno» narrativo

Ya hemos visto en otras entradas cómo los protagonistas de las obras literarias, seres vivos que el escritor ha moldeado, actúan durante el recorrido de la historia. Los personajes toman decisiones que les llevan a consecuencias, previsibles o no, mientras la trama evoluciona, lo que permite que el escritor desarrolle el relato.

Sin embargo, habrá que concluir en algún momento, ¿no crees? Poco antes del final de la obra, llevamos a nuestros personajes a una especie de «punto de no retorno» o clímax narrativo. Lo podríamos definir como el momento crucial del relato donde se alcanza la máxima tensión dramática; un punto en el que todas las piezas del rompecabezas se unen, los conflictos alcanzan la tensión máxima y los personajes se enfrentan a sus mayores desafíos. Recuerda que en el planteamiento inicial de tu obra existen protagonistas que se enfrentan a dificultades (conflictos literarios). Piensa cuáles eran sus objetivos, los obstáculos y lo que gana o pierde si logra o no llegar a las metas.

Este clímax es esencial porque proporciona la satisfacción emocional y la resolución que los lectores anhelan. Es el momento en el que se desvelan las consecuencias de las acciones de los personajes y nos preparamos para el desenlace.

Un clímax bien construido puede dejar una impresión duradera en el lector y elevar la historia a nuevas alturas.

Los aprendices a escritores deben conocer que ese punto de inflexión aparece hacia el final de la historia, después de que se hayan desarrollado los conflictos principales y se hayan presentado todos los elementos necesarios para crear una tensión adecuada.

El clímax narrativo. ¿Qué es el clímax narrativo, cuándo se usa y qué tipos existen?

Hay distintos clímax narrativos. Expondré los tres tipos preferidos según las historias que suelen escribir los estudiantes:

Clímax de acción: Se centra en eventos físicos o enfrentamientos directos entre personajes, como batallas épicas o persecuciones emocionantes. Se usa en historias con distintos tipos de conflictos: interpersonales y externos.
Las películas de acción colocan a los protagonistas en situaciones donde sus vidas corren peligro: el villano lo va a disolver en ácido; un puente está próximo a colapsar; los protagonistas están al borde de un precipicio, acorralados y sin escapatoria aparente…

Clímax emocional: Este tipo de clímax se enfoca en el cambio emocional o psicológico de los personajes principales. Puede implicar revelaciones impactantes, decisiones difíciles o momentos de redención.
El personaje, abrumado por sus emociones, toma una decisión que cambiará el rumbo de los acontecimientos. Por ejemplo, durante el desarrollo de la obra, su martirio ha ido incrementándose, pero una decisión inesperada (decide escribir una carta; derrota su miedo que lo incapacita par actuar… ) aparece justo en el momento de sentirse desbordado y transforma su visión del problema.

Clímax de revelación: Aquí es donde se revelan grandes secretos o giros argumentales inesperados que transforman la percepción de la historia.
Por ejemplo, nadie sabía que el traidor del protagonista era su propio hermano, a quien los lectores daban por muerto.

Cómo usar las acotaciones para enriquecer el diálogo narrativo

Las acotaciones en el diálogo narrativo son herramientas fundamentales que el escritor utiliza para enriquecer la historia y ofrecer al lector información adicional que no se puede inferir únicamente de las palabras de los personajes. Sin embargo, su uso tiene tanto ventajas como desventajas, y su correcta aplicación requiere un equilibrio cuidadoso para mantener la naturalidad del diálogo y la inmersión del lector.

A diferencia de las artes visuales, el escritor tiene la dificultad añadida de tener que trasladar a la mente del lector imágenes generadas a partir de las descripciones. La acotación cumple esa misión, entre otras. Pero intenta evitarlas y redúcelas a lo estrictamente necesario.

Aspectos positivos de las acotaciones

  1. Explicación de pensamientos y emociones: Las acotaciones permiten al escritor revelar los pensamientos y emociones de los personajes, proporcionando una mayor profundidad psicológica. Por ejemplo:

―No puedo creer que hayas hecho eso. ―Juan sintió una mezcla de sorpresa y decepción.

  1. Descripciones de gestos y acciones: el lector debe dibujar en su mente las expresiones faciales y acciones de los personajes, por lo que la acotación añade una capa visual y kinestésica al diálogo:

―Estoy muy cansada ―suspiró Ana, dejándose caer en el sofá.

  1. Orientación en el diálogo: Las acotaciones ayudan a clarificar quién está hablando, evitando confusiones cuando hay múltiples personajes en una conversación:

―No estoy seguro de eso ―respondió Carlos, mirando a Laura con preocupación.

En este sentido, recomiendo explicar quién dice qué, cada tres intervenciones aproximadamente. Observa este ejemplo.

―Bueno, si tú lo dices, debe ser verdad ― (0)Laura aceptó la queja a regañadientes.

(1)―Todo lo que te he desvelado es cierto.

(2) ―Ya. Pero recuerdo una ocasión en la que mentiste por tozudez.

―No estoy seguro de eso ― (3) respondió Carlos, mirando a Laura con preocupación.

Aspectos negativos de las acotaciones

  1. Ruptura de la intervención del personaje: Las acotaciones interrumpen el flujo natural del diálogo, lo que puede dificultar la inmersión del lector si no se usan con moderación. Es importante que estas interrupciones estén justificadas:

―No me importa lo que pienses ―dijo Marta. Luego, tras una pausa, añadió―: Siempre haré lo que quiera.

  1. Anticipación o repetición innecesaria: No se debe anticipar lo que el personaje va a decir ni repetir lo que ya se ha expresado en el diálogo, porque puede resultar redundante y aburrido para el lector. Evita explicar lo que ya se infiere del diálogo (por ejemplo, si el personaje pregunta, afirma, aclara, se lamenta, niega, etcétera, no será necesario volver a repetirlo en la acotación):
    • Incorrecto: ―Estoy furioso ―gritó Pablo, enfadado.
    • Correcto: ―Estoy furioso ―gritó Pablo.
    • Incorrecto: ―¿Qué querías decirme? ―preguntó.
    • Correcto: ―¿Qué querías decirme? ―preguntó Pablo/Pablo aún tenía dudas.
    • Incorrecto: No estoy de acuerdo contigo ―negó.
  2. Interrupción de la fluidez del diálogo: Evitar acotaciones extensas o innecesarias que corten la fluidez del diálogo sin un motivo claro. La prioridad debe ser mantener el ritmo natural de la conversación:
    • Incorrecto: ―¿Dónde estabas?― preguntó Alicia mientras se sentaba en la silla, cruzaba las piernas y miraba a su alrededor como si buscara algo que no estaba allí.
    • Correcto: ―¿Dónde estabas? ―preguntó Alicia, sentándose. Alicia cruzó las piernas y buscó algo que no estaba allí.

Buenas prácticas para el uso de acotaciones

  1. Relevancia y brevedad: Las acotaciones deben ser relevantes para el desarrollo del diálogo y breves para no sobrecargar al lector:
    • ―No entiendo por qué lo hiciste ―murmuró ella, bajando la mirada.
  2. Integración natural: Integrar las acotaciones de forma natural en el diálogo, asegurando que fluyan con las palabras del personaje y no parezcan forzadas:
    • ―No volveré a confiar en ti ―dijo Miguel, apretando los puños.
  3. Alternancia entre diálogo y acotaciones: Alternar de manera equilibrada entre las acotaciones y el diálogo, manteniendo el dinamismo de la conversación:
    • ―¿Vendrás a la fiesta?―preguntó Laura.
    • ―No lo sé ―respondió Pedro, rascándose la cabeza―. Tengo que pensarlo.
    • ―¡Anímate, por favor. Si no, iré sola!
    • ―Después de la siesta estaré más despejado.
    • ―Después de tú siesta, te llamaré ―Laura le apuntó con el índice y se despidió.

Enséñame a escribir para leerte mejor

El 8 de mayo de 2024 se dio a conocer el nuevo libro Enséñame a escribir para leerte mejor. Mucho más que una guía, el libro sirve de herramienta excepcional para familias y profesorado que desean potenciar las habilidades de escritura en los más jóvenes.

Enséñame a escribir para leerte mejor

¿Qué lo hace especial? Es un texto sencillo, práctico y está repleto de actividades, juegos y ejemplos que hacen que el aprendizaje sea divertido y efectivo.

Explica paso a paso los ingredientes del relato, por lo que también es ideal para las personas que deseen sacar el escritor que llevan dentro.

El conflicto narrativo

Para qué negarlo. Una de nuestras inherentes características es ser chismosos. Cuando de camino al trabajo se produce un accidente de tráfico, evidentemente la circulación en el sentido del accidente se colapsa. Sin embargo, ¿no te resulta curioso, que, aunque el siniestro ocurra en la vía contraria, haya retenciones también? Dice la Dirección General de Tráfico que se trata del «efecto mirón», o sea esa curiosidad humana y ese de-seo macabro de presenciar eventos impactantes o inusuales.

Cuando escribimos aprovechamos esa característica del ser humano, de su interés por conocer un conflicto, medir la trascendencia y las consecuencias del mismo.

En esencia, el conflicto narrativo es la lucha o el problema principal que enfrentan los personajes de una historia. Es la fuerza impulsora detrás de la trama, la chispa que desencadena eventos significativos y desafíos para los protagonistas. Sin conflicto, una historia carecería de tensión y emoción, y los personajes no tendrían motivaciones para crecer o cambiar.

Después de tratar con profundidad el personaje literario, en los talleres abordo el conflicto narrativo como parte indispensable para crear una narrativa dinámica y emocionante. Los problemas impulsan a los personajes a la acción y dan forma al desarrollo de la historia. Sin él, nuestros relatos carecerían de profundidad y significado.

Durante los talleres, trato de que el alumnado deduzca qué tipos de conflictos pueden presentarse a los protagonistas de películas que ellos han visto. El resultado arroja respuestas acertadas, porque al igual que otras artes escénicas, los personajes literarios también tienen varios tipos de conflictos.

Conflicto interno: Este tipo de conflicto ocurre dentro de la mente de un personaje. Es una batalla emocional o moral que enfrenta el protagonista consigo mismo. Ejemplos de conflictos internos incluyen la lucha entre el deseo y el deber, la lucha contra la duda o la lucha por la identidad.

El conflicto de Hamlet, de la obra del escritor William Shakespeare, radica en su indecisión sobre vengar la muerte de su padre.

Cervantes entabla una batalla de su personaje don Quijote entre su idealismo y el sentido común. Don Quijote se aferra firmemente a un código de honor y caballería que ya no tiene cabida en el mundo moderno. Este conflicto interno lo lleva a enfrentarse con sus propias creencias y a cuestionar si sus acciones son realmente nobles y heroicas o simplemente absurdas y peligrosas.

Conflicto interpersonal: Este tipo de conflicto involucra a dos o más personajes que tienen objetivos, valores o deseos opuestos. Puede manifestarse como enfrentamientos, discusiones o confrontaciones físicas o verbales. Un ejemplo lo encontramos en Romeo y Julieta de William Shakespeare; el conflicto entre las familias Montesco y Capuleto sirve como el principal obstáculo para el romance de los protagonistas.

En la obra maestra de Fernando de Rojas, La Celestina, el conflicto entre los personajes principales, Calisto y Melibea, surge de su amor prohibido y las intrigas de la alcahueta Celestina. La relación entre Calisto y Melibea enfrenta numerosos obstáculos sociales y morales que finalmente llevan a un trágico desenlace.

Conflicto externo: Este tipo de conflicto implica una lucha entre el personaje principal y una fuerza externa, como la naturaleza, la sociedad, la tecnología o cualquier otro antagonista externo. Los estudiantes inmediatamente lo reconocen, pues han visto películas de invasores alienígenas, terremotos y otras catástrofes naturales contra las que se enfrentan los protagonistas.

La trilogía El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, presenta un conflicto épico entre las fuerzas del bien, lideradas por los personajes principales como Frodo y Gandalf, y las fuerzas del mal, encabezadas por Sauron y sus ejércitos. La lucha por el Anillo Único es el conflicto central que abarca todo el relato.

En Moby Dick de Herman Melville, el capitán Ahab se presenta como un personaje obsesionado con su búsqueda de venganza contra el cachalote blanco, Moby Dick. El conflicto externo principal es la lucha del barco ballenero Pequod contra la criatura y los peligros del mar, así como la lucha interna de Ahab con su propia obsesión.

El monólogo interior, ejemplos

Vimos en el post el diálogo narrativo los aspectos formales y argumentos para utilizar esta técnica literaria que permite conocer a los personajes a través de sus propias voces. Pero, hay un elemento crucial que a menudo pasa desapercibido, aunque puede ser fundamental para comprender la complejidad y profundidad de una narrativa: la voz en off del personaje, su pensamiento interno o el monólogo interior. Se trata de un diálogo silencioso, que nadie puede escuchar… salvo el lector.

El escritor busca una simbiosis con sus lectores a través de revelar el pensamiento interno, las emociones, los secretos, aspectos únicos de la personalidad de cada individuo de la historia. Es algo así como la telepatía. Pues sí, la literatura permite la transmisión directa de pensamientos, sentimientos o información de una mente a otra, de manera unidireccional, claro (desde el personaje al lector).

Cuando un autor transmite el pensamiento de un personaje ahonda en su autenticidad y realismo. El lector se sumerge más profundamente en la trama, estableciendo una conexión íntima con los protagonistas y comprendiendo mejor sus motivaciones y conflictos internos.

Al mismo tiempo que revelamos a los estudiantes que existe la posibilidad de reproducir el pensamiento de sus personajes, ellos mismos estarán componiendo sus propias ideas. Es el momento ideal para detenerse y pedirles que lo escriban:

(Monólogo interior, ejemplo):

―Ahora mismo, anoten lo que están pensando entre comillas angulares.

«¿Le podré decir al maestro que no me estoy enterando de nada?».

Esto es un ejemplo de pensamiento interior y posiblemente, también refleja alguna realidad. En fin.

El diálogo interno del personaje tiene cierta ventaja. Podemos dejarle que diga cosas que no se atrevería a verbalizar frente a los demás protagonistas del relato. Podemos aprovechar a variar el estilo de habla, la elección de palabras, el ritmo, el tono (sarcasmo, frustración, tristeza, alegría, nostalgia…)

En definitiva, los pensamientos y reflexiones internas de un personaje ofrecen una visión directa de sus preocupaciones, deseos y conflictos más profundos. Es una buena herramienta para dar realismo al personaje.

En español, el monólogo interno se expresa con comillas angulares, denominadas por la RAE comillas latinas o españolas, frente a las comillas inglesas.

«¿Qué estoy haciendo con mi vida? Todo parece desmoronarse a mi alrededor y no sé cómo detenerlo. Cada decisión que he tomado parece ser un error. ¿Por qué siento que estoy atrapado en un ciclo interminable de fracasos y decepciones? Me siento tan perdido, tan abrumado por la incertidumbre del futuro. ¿Será que estoy destinado a vivir en este constante estado de angustia y desesperación?»

Fernando Armas Pérez