Vimos en el post el diálogo narrativo los aspectos formales y argumentos para utilizar esta técnica literaria que permite conocer a los personajes a través de sus propias voces. Pero, hay un elemento crucial que a menudo pasa desapercibido, aunque puede ser fundamental para comprender la complejidad y profundidad de una narrativa: la voz en off del personaje, su pensamiento interno o el monólogo interior. Se trata de un diálogo silencioso, que nadie puede escuchar… salvo el lector.
El escritor busca una simbiosis con sus lectores a través de revelar el pensamiento interno, las emociones, los secretos, aspectos únicos de la personalidad de cada individuo de la historia. Es algo así como la telepatía. Pues sí, la literatura permite la transmisión directa de pensamientos, sentimientos o información de una mente a otra, de manera unidireccional, claro (desde el personaje al lector).
Cuando un autor transmite el pensamiento de un personaje ahonda en su autenticidad y realismo. El lector se sumerge más profundamente en la trama, estableciendo una conexión íntima con los protagonistas y comprendiendo mejor sus motivaciones y conflictos internos.
Al mismo tiempo que revelamos a los estudiantes que existe la posibilidad de reproducir el pensamiento de sus personajes, ellos mismos estarán componiendo sus propias ideas. Es el momento ideal para detenerse y pedirles que lo escriban:
(Monólogo interior, ejemplo):
―Ahora mismo, anoten lo que están pensando entre comillas angulares.
«¿Le podré decir al maestro que no me estoy enterando de nada?».
Esto es un ejemplo de pensamiento interior y posiblemente, también refleja alguna realidad. En fin.
El diálogo interno del personaje tiene cierta ventaja. Podemos dejarle que diga cosas que no se atrevería a verbalizar frente a los demás protagonistas del relato. Podemos aprovechar a variar el estilo de habla, la elección de palabras, el ritmo, el tono (sarcasmo, frustración, tristeza, alegría, nostalgia…)
En definitiva, los pensamientos y reflexiones internas de un personaje ofrecen una visión directa de sus preocupaciones, deseos y conflictos más profundos. Es una buena herramienta para dar realismo al personaje.
En español, el monólogo interno se expresa con comillas angulares, denominadas por la RAE comillas latinas o españolas, frente a las comillas inglesas.
«¿Qué estoy haciendo con mi vida? Todo parece desmoronarse a mi alrededor y no sé cómo detenerlo. Cada decisión que he tomado parece ser un error. ¿Por qué siento que estoy atrapado en un ciclo interminable de fracasos y decepciones? Me siento tan perdido, tan abrumado por la incertidumbre del futuro. ¿Será que estoy destinado a vivir en este constante estado de angustia y desesperación?»
Fernando Armas Pérez