Los disparadores creativos son la pólvora que prende nuestro cerebro y le abre una brecha a la imaginación, permitiendo que todo el poder creativo se vierta en forma de obras de arte. A veces, un escritor encalla en alguna costa y ni siquiera una buena marea ensalitrada parece hacer mover el barco que almacena brillantes ideas en sus bodegas. Pero basta con un chispazo, un disparador creativo, para prender alguna mecha oculta, una idea subyacente que, de repente, nos hace avanzar o incluso nos empuja a crear un relato inédito y sorprendente.
Hace unos años, observé a una mujer en la sala de espera de un aeropuerto. Su comportamiento llamó mi atención: se levantaba y sentaba compulsivamente; rebuscaba en su bolso; anotaba algo; lo guardaba; comprobaba la pantalla de su móvil… Su actitud errática e imprevisible despertó mi curiosidad como lector y como escritor. Se desencadenaron preguntas en mi mente: ¿Y si ha recibido un mensaje impactante? Algo que tiene que resolver en un momento crucial. ¿Se debate entre tomar el avión y volver?
La historia nació sola, como si hubiera estado esperando ese instante para revelarse. Imaginé que su nerviosismo no era simple impaciencia, sino el peso de una decisión que podía cambiarlo todo. Quizás ese bolso contenía más que objetos cotidianos: ¿una clave?, ¿una prueba? Tal vez, algo nimio a simple vista, pero con el poder suficiente para hacerla dudar entre subir al avión o quedarse en tierra.
Y entonces, su teléfono vibró de nuevo. Un número oculto.
«No subas al avión. No confíes en nadie».
Su respiración se cortó. Miró a su alrededor. ¿Quién había enviado ese mensaje? ¿Era una advertencia o una amenaza? La última llamada para su vuelo sonó por los altavoces. Se puso de pie. Dudó un instante. Luego avanzó hacia la puerta de embarque, sin saber si caminaba hacia la salvación o directamente a una trampa.
Entre disparo y disparo nació El último mensaje, mi primera novela de intriga y policíaca que me llenó de satisfacción.
Así funcionan los disparadores creativos: aparecen sin previo aviso, en el detalle más pequeño, en un gesto fugaz. Son el fogonazo que transforma la realidad en historia. Si algún día necesitas que algo sacuda tu imaginación, observa con atención. La próxima chispa puede estar más cerca de lo que crees.

