Archivo de la etiqueta: Creación literaria

La relevancia de los talleres literarios


Un taller literario es un espacio donde escritores y lectores se reúnen para compartir, discutir y mejorar sus habilidades en la escritura. Estos talleres proporcionan un entorno creativo donde el participante se retroalimenta de manera constructiva tanto del propio escritor (que actúa como facilitador), y de sus compañeros.

La relevancia de los talleres literarios, que fomentan la redacción, es a menudo pasada por alto. Esta perspectiva promueve también la comprensión de la lectura, pero añade el estímulo de la expresión escrita a través de un desafío: el intercambio de roles cuando los lectores se convierten en escritores.

En estos últimos años he ido experimentando el acercamiento del lector al relato desde la óptica del escritor. Para ello, promuevo actividades que fomentan la capacidad creativa, y la búsqueda de técnicas que permitan comprender las intenciones de los escritores.

La creación literaria involucra una serie de retos para dar forma a las ideas. Un recorrido que parte cuando existe una idea, unos personajes y una trama que los conduce desde el principio hasta el final.

La creación del personaje incluye construir su personalidad, su psicología y voz voz propia. También sus historias pasadas y la evolución a lo largo del recorrido narrativo; su forma de relacionarse con los demás. Cada uno de estos elementos se explora de manera individual en el taller antes de ensamblarlos como partes del relato.

¿Dónde situamos a los protagonistas? El taller aborda aspectos como el espacio narrativo donde se mueven nuestras «creaturas». Se aborda la importancia del escenario y de qué manera el escritor lo coordina con el resto de los ingredientes.

Otro punto crucial a desarrollar es la evolución de la trama. ¿Dónde reside el conflicto? Tratamos de reflexionar cómo atrapar al lector en la historia. Convertirla en intriga. Aquí jugamos con la psicología del lector y su deseo de descubrir lo que los personajes ocultan mientras evolucionan a lo largo del relato. ¿En qué momento llevamos a los protagonistas al borde del abismo, al punto sin retorno? Y una vez que presionamos el botón del pánico, ¿cómo resolvemos esa situación caótica que los oprime?

La experiencia de participar en un taller literario es tan enriquecedora como la experiencia de la lectura en sí. Del mismo modo en que un buen escritor invierte horas leyendo, un buen lector debe cultivar sus habilidades escribiendo, pues encontrará en sus escritores soluciones a los desafíos que se le presentan como narrador.

Fernando Armas Pérez

Escribir es rebelarse

A menudo, cuando alguien escribe, se enfrenta a un sistema de convenciones y estructuras que con frecuencia limitan la libertad de expresión. La escritura desafía estas barreras y se convierte en una forma de resistencia, un vehículo para cuestionar y desmantelar los paradigmas establecidos. A través de sus relatos, los autores pueden romper las reglas gramaticales, desafiar las expectativas literarias y crear nuevas formas de comunicación. Es en esta ruptura de las normas donde nace la verdadera rebelión.

Escribir también es una forma de rebelión personal. Cada escritor tiene una voz única, una perspectiva singular que desea compartir con el mundo. Algunas veces, estos pensamientos y emociones no encajan dentro de los límites establecidos por la sociedad. A través de la escritura se puede desafiar estas limitaciones y encontrar una verdad propia. Al rebelarse contra las expectativas y presiones externas, los escritores pueden descubrir su identidad y afirmarse como individuos únicos.

La escritura es un acto de rebelión, pues es una forma de expresión poderosa que desafía las normas establecidas y se eleva por encima de las restricciones impuestas por la sociedad.

A través de las palabras, los escritores se sublevan contra el silencio, la opresión y las injusticias que prevalecen en el mundo que los rodea. Es un medio a través del cual pueden manifestar sus pensamientos, emociones y perspectivas de manera audaz y auténtica.

Escribir puede ser una herramienta poderosa para dar voz a aquellos que han sido marginados o ignorados. A través de las palabras, los escritores pueden dar luz a realidades invisibles, contar historias de injusticia y luchar por la igualdad. La escritura puede convertirse en un grito de resistencia contra la opresión, una forma de empoderamiento para aquellos cuyas voces han sido silenciadas. Es a través de esta rebelión que se pueden generar cambios significativos en la sociedad.

La literatura como forma de rebelión no solo desafía las normas externas, sino que también desafía las limitaciones internas impuestas por el miedo y la autocrítica. Escribir requiere valentía, la disposición de enfrentar la página en blanco y arriesgarse a ser vulnerable. La escritura rebelde busca la autenticidad y se atreve a explorar las profundidades del ser humano sin temor a la crítica o al rechazo.

Escribir es rebelarse. Es un acto de resistencia contra las normas y convenciones, una forma de cuestionar y desafiar las injusticias. Es una herramienta para el empoderamiento personal y la expresión individual. La escritura puede dar voz a los silenciados y desafiar los límites impuestos por la sociedad y por uno mismo. En última instancia, a través de la escritura rebelde, se puede generar un impacto duradero y contribuir a un cambio positivo en el mundo.

Fernando Armas Pérez

Consejos para crear escritores

Todo comienza en la infancia

Enseñar a un niño a escribir cuentos puede ser una experiencia emocionante y gratificante. Al fomentar su creatividad y ayudarles a desarrollar habilidades de escritura, le estaremos proporcionando una herramienta valiosa para expresarse y comunicarse. Aquí hay algunas pautas y consejos sobre cómo enseñar a un niño a escribir cuentos:

  1. Fomentar la imaginación: Anime al niño a dejar volar su imaginación. Pídale que piense en personajes interesantes, lugares emocionantes y situaciones intrigantes. Hágale preguntas que estimulen su creatividad, como «¿Qué pasaría si los animales pudieran hablar?» o «¿cómo sería un día en un planeta lejano?».
  2. Establecer una rutina de escritura: Establezca un momento dedicado a la escritura de cuentos. Podría ser después de la escuela, antes de acostarse o durante los fines de semana. Mantener una rutina les ayudará a desarrollar el hábito de la escritura y les permitirá practicar regularmente.
  3. Proporcionar herramientas de escritura: Asegúrese de que el niño disponga papel, lápices de colores y bolígrafos. También puede considerar la opción de utilizar un procesador de textos en el ordenador, ya que esto les permitirá editar y corregir fácilmente sus historias (¡nivel avanzado!).
  4. Iniciar con cuentos cortos: Comience con historias cortas y sencillas. Esto les ayudará a adquirir confianza en su capacidad para escribir. Anímelo a desarrollar una introducción, un conflicto y una resolución. Pídales que piensen en un final satisfactorio para su historia.
  5. Enseñar la estructura del cuento: Explique los diferentes elementos de un cuento: los personajes, el entorno, la trama y el desenlace. Anime al niño a desarrollar cada uno de estos elementos y a crear personajes con características y personalidades distintivas.
  6. Fomentar la revisión y la edición: Guarde el cuento y vuélvalo a poner sobre la mesa una semana más tarde. Enseñe al niño la importancia de revisar y editar su trabajo. Anímelo a leer en voz alta su historia para identificar posibles errores o áreas que podrían mejorarse. Ayúdele a corregir la gramática, la puntuación y la estructura de las frases.
  7. Estimular la lectura: La lectura y la escritura están estrechamente relacionadas. Anime al niño a leer libros y cuentos de diferentes géneros para que se familiarice con diferentes estilos de escritura y amplíe su vocabulario. La lectura también les ayudará a generar ideas y a inspirarse para sus propias historias.
  8. Celebrar y compartir: A medida que el niño vaya terminando sus cuentos, celebre sus logros y comparta su trabajo con la familia y amigos. Esto les dará una sensación de orgullo y les motivará a seguir escribiendo.

Recuerde que el proceso de aprendizaje de la escritura de cuentos lleva tiempo y paciencia. Anime al niño a disfrutar del camino y no se centre tanto en la perfección. Lo más importante es fomentar su amor por la escritura y permitirles expresarse libremente a través de sus historias.

También recomiendo que lea un libro desde el punto de vista de un escritor: ¿Quiénes son los personajes? ¿Cuáles son sus cualidades? ¿Qué problema tienen? ¿Cómo se resolvieron esos problemas…?

Valoraciones y resultado de las encuestas del relato «Atrapada en el tiempo»

Alrededor de doscientos cincuenta lectores de edades comprendidas entre los 13 y 15 años han leído Atrapada en el tiempo en el curso escolar 2022-2023.

Atrapada en el tiempo

El tópico literario carpe diem (literalmente «agarra el día») ha sido un recurso frecuente en la literatura universal. Un mensaje para avisarnos de que el tiempo es efímero y que hemos de aprovechar cada momento.

En el Renacimiento aparecen obras literarias y pictóricas que rescatan la idea latina de la brevedad del tiempo, un concepto latente en los tópicos literarios hasta la actualidad.

Pero Atrapada en el tiempo se nutre de la idea original que propuso el escritor romano Horacio (Venosa, 65 a.C. – Roma, 8 a.C), principal poeta lírico y satírico en lengua latina: «CARPE DIEM QUAM MINIMUM CREDULA POSTERO».

En esencia, la traducción literal hemos de entenderla como «cosecha el día» o «recoge el fruto del día», una metáfora donde los frutos son las oportunidades que debemos recolectar en el momento exacto de maduración, ni antes ni después.

Un ejemplo en nuestra poesía es el célebre Soneto XXIII de Garcilaso de la Vega, cuyos tercetos finales son una exhortación a cosechar los frutos (aprovechar la belleza) antes de que llegue el tiempo invernal (el paso del tiempo):

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro rostro
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

Atrapada en el tiempo redunda en esta idea desde una perspectiva contemporánea, pues toma como ejemplo una protagonista adolescente, de la misma edad que el público objetivo; una adolescente que presenta varios conflictos vitales.

Alba puede ser feliz, pero vive en un círculo de desidia, pereza y desinterés que bloquea la capacidad de aprovechar los aspectos positivos de la vida, lo que el autor denomina en la obra «los detalles».

La fórmula que utiliza el escritor es someterla a un proceso de «día repetido»: Alba se despertará el mismo 5 de octubre continuamente.

Después de dos semanas y media atrapada en el mismo día, Alba tendrá tiempo para analizar su conflicto, entenderlo y aprender a controlar «los detalles» que la ayuden a evolucionar a través del relato.

Las cuestiones planteadas a los estudiantes, adolescentes de edad similar a la protagonista, persiguen colocarlos frente a un espejo. Alba podría ser cualquiera de ellos. En gran medida, los conflictos que plantea la generación de Alba son similares.

Los resultados del cuestionario sorprenden al autor, pues percibe que el libro sirvió de autoayuda en alguna ocasión y que el lector, imbuido en la lectura, logró sentirse asfixiado, empatizando con el problema de Alba y entendió la resolución del conflicto como una posible salida a los suyos propios.

Cuando se les preguntó qué harían si se encontraran en una situación similar, casi el 70% afirmó que probaría a experimentar con la vida, rompiendo rutinas y haciendo actividades diferentes o introduciendo pequeños cambios vitales.

Atrapada en el tiempo tiene una valoración positiva de los lectores y el cuestionario refleja que es un libro útil para los adolescentes.

Taller literario

Consejos para crear tu personaje de ficción

El escritor elabora personajes de ficción dotándoles de personalidad y una apariencia física; traza unas metas y luego lo lanza al peligro de la vida, colocando obstáculos en su camino o creando conflictos que tiene que enfrentar.

Para conectar con el lector, estos personajes deben ser creíbles, lo más reales posible. Además, han de progresar a lo largo del relato.

REVELAR DATOS POCO A POCO. Planifica qué aspectos de la personalidad son relevantes y cuál será su aspecto físico. Esta información no es necesaria mostrarla desde el primer capítulo, sino que la podemos «dosificar» mientras avanzamos en la trama, según nuestras necesidades.

Te pongo un ejemplo: tienes una cualidad que no has mencionado anteriormente, digamos la glotonería. Entonces puedes aprovechar una escena donde tus personajes almuerzan y uno de ellos advierte esa característica. Estimas que es el momento adecuado para descubrirlo al lector.

LA HISTORIA PERSONAL. Todos tenemos un pasado, y a veces determina las acciones del presente. Hemos de intentar darle ese pasado al personaje, para que no dé la sensación de que acaba de llegar a nuestro planeta.

MOTIVACIONES y OBJETIVOS. El personaje literario tiene una serie de objetivos en su vida y motivaciones que le obligan u obligarán a realizar una serie de acciones (con sus consecuencias).

ATENCIÓN AL PUNTO DE VISTA del NARRADOR. El personaje puede hablar por sí mismo («yo», «a mí»), o bien existe un narrador (objetivo, subjetivo…) que va mostrando las cualidades, aspecto, anhelos, acciones, etcétera del personaje.

Es interesante experimentar qué sensaciones nos transmite el protagonista si se presenta a sí mismo, o bien, si son otras personas las que relatan cómo es y qué hace. Incluso alternar (por ejemplo, si queremos jugar con la percepción de otras personas o las propias de nuestro personaje)

EL CONFLICTO (LOS PROBLEMAS)

El conflicto es un recurso literario que enfrenta fuerzas opuestas, la mayoría de las veces relacionadas con el personaje principal. Hay diferentes tipos de conflictos que afectarán a las decisiones de tus personajes. Por ejemplo, si tienes personajes fuertes, pon a prueba su determinación enfrentándolos a algo que revele sus debilidades.

Un conflicto puede ser externo: crea un tipo malo que se enfrente a un personaje bueno.

Un personaje también puede tener una lucha interna cuando tiene que actuar en contra de su moral o lidiar con creencias opuestas.

El conflicto crea tensión y se utiliza para hacer avanzar la historia al obligar a los personajes a tomar decisiones.

El arte del «knolling» literario

Una técnica creativa, que no entraña dificultades y que es muy visual para envolver a los estudiantes en la lectura, se denomina «knolling» literario y se ha convertido en una tendencia estos últimos años por los beneficios didácticos que ofrece.

Ejemplo de knolling literario

El término «knoll» es un anglicismo que significa literalmente «loma» o «montículo», y aplicado a la literatura es un recurso que consiste en pedir al alumnado la realización de una foto aérea (cenital) de una serie de objetos representativos en el argumento del libro.

Para que la fotografía sea increíblemente satisfactoria y preciosa, el alumno ha de disponer los objetos en paralelo o de forma organizada, de manera que con la posición pueda explicar el significado de los distintos elementos y los relacione con la lectura del libro.

Knolling literario "Atrapada en el tiempo"

Ejemplo de knolling literario

Lo ideal sería que el fondo fuera liso o se podrían utilizar un fondo azul o verde para hacer el revelado con algún programa que pueda emplear la técnica «croma».

Para el profesorado, esta técnica sirve como elemento de evaluación del libro, pues el lector tendría que conectar los objetos fotografiados y comentar las razones que le llevaron a ello. Se trata de una exposición oral que el alumnado puede presentar en clase por medio de una diapositiva, vídeo o panel.

El lector, por su parte, tendrá que hacer una lectura consciente y más profunda para elegir los elementos más significativos que favorezcan sus argumentos el día de la presentación en clase.

Por regla general, el alumnado se muestra más favorable a realizar este tipo de trabajo más visual, creativo y que usa las nuevas tecnologías. Sirve como autoevaluación y coevaluación al ser participativo y puede trabajarse la diversidad de niveles en el aula.

Hay dos ejemplos que ilustran este trabajo y relacionados con la lectura Atrapada en el tiempo. El primero incluye un calendario con la marca en el día cinco de octubre, momento en el que la protagonista despierta una y otra vez. Coloca una bolsa de pasta porque representa la comida diaria: espaguetis a la boloñesa. Luego añade un objeto que representa el maquillaje, pues con ello destaca el desagrado que le producía ver a la compañera de clase excesivamente maquillada. Como Alba dejaba de pagar el tranvía, la alumna destaca que, al tomar consciencia de lo incorrecto de sus actos, añadió el bono de transporte en su presentación.

La foto del grupo del colegio fue elegida porque todas las noches miraba a Enrique y abrazaba el cuadro hasta quedar dormida. El balón es el que la protagonista trajo a su amado para que le enseñara a jugar al baloncesto, etcétera.

Podemos afirmar que el «knolling literario» es una técnica que explota la creatividad del alumnado y le ayuda a una mejor comprensión de las ideas, argumento y temática del libro, además de una excelente herramienta de evaluación que he probado con éxito.

La descripción del personaje

Tenemos una historia para escribir nuestro relato. ¿Por dónde empiezo?

La descripción del personaje

Hay un punto de partida en la literatura que se asemeja a las artes escénicas o al cine. Si te fijas, todo comienza con un protagonista o varios, a los que les ocurre algo (la acción) en algún lugar (el escenario) y en algún momento (el tiempo).

Comenté en otra entrada que la creación del personaje es el punto de partida de un relato. Si quieres, puedes repasarlo y luego vamos al siguiente paso: ahondaremos en las fórmulas para dotar de credibilidad al protagonista, pero sin estridencias, ni exageraciones.

De entrada no veo necesario que comiences a redactar elaborando una lista detallada de cualidades o de rasgos físicos de nuestro personaje. Sucede igual cuando conocemos a una persona, tampoco sabemos todos los detalles de su personalidad o de su vida. Las relaciones interpersonales se van alimentando de manera progresiva hasta llegar a un conocimiento casi pleno de la otra persona. En el relato, vamos a hacer algo similar: los personajes se irán desvelando poco a poco, cuando mejor convenga.

Si vas a destacar rasgos físicos (PROSOPOGRAFÍA), cíñete a los que sean relevantes y necesarios para la historia. Tal vez el color de los ojos no importe en absoluto, o todo lo contrario: el color o la forma de los ojos puede influir en la percepción de otros personajes que interactúan; por ejemplo, porque tienen miedo al sentirse escudriñados o se enamoran de la persona por la manera de mirarlos…

Puedes usar la voz del narrador, la de otros personajes o la propia del protagonista para describir su físico o sus cualidades (ETOPEYA).

El RETRATO del protagonista es la suma de su aspecto exterior e interior (prosopografía + etopeya). Si todo encaja de manera natural y aparece cuando sea relevante, estás haciendo un buen trabajo.

Recurre a figuras literarias como exagerar algún rasgo, pues te interesa CARICATURIZARLO o COSIFICARLO. Ya sabes: «Érase un hombre a una nariz pegado».

La descripción del protagonista tiene un sentido práctico en tu relato. Dale vida con naturalidad y emplea los diálogos para que se muestre tal y como es.

Este pequeño fragmento es un ejemplo de PROSOPOGRAFÍA. Describe las sensaciones que le producen al protagonista el encuentro con un personaje femenino, del que se enamora a primera vista:

«Casto pensó que las pupilas negras habían notado el salto de su corazón al abrir la puerta. Se ruborizó cuando miró el ombligo. Los ojos, la sonrisa blanca perfecta, el cuello delicado, el cuerpo proporcionado y el color tostado de su joven piel hicieron que el docente se enamorara a primera vista». (Las Aventuras de Sebastián III)

Las escenas

Una película o una obra de teatro tiene múltiples escenas, unas veces narrativas, otras son diálogos, o reflexiones o descripciones. La suma de las escenas alimenta el argumento.

Cuando construimos una escena tenemos que tener en cuenta cómo trazar el argumento de nuestro relato: ¿Qué relación tiene con lo anterior y con la siguiente escena?

Vamos a suponer que deseamos describir un personaje desmotivado porque no quiere ir al colegio. Tiene un examen difícil que no ha estudiado, un abusón se comerá el bocadillo en la hora del recreo…  El OBJETIVO de la siguiente escena, que propongo como ejemplo, es describir esa desmotivación:

Alberto abrió los ojos y los volvió a cerrar de inmediato. Los párpados le pesaban más de lo habitual cuando se trataba de ir al cole. Le bastó un segundo para darse cuenta de que era la hora de salir de la cama, pero no quiso asumir el reto de enfrentar el nuevo día.

Arrebujado entre la cálida sábana de franela y el edredón grueso volvió a acomodarse en el mullido colchón donde se sentía protegido, como si aquellas mezclas de telas sintéticas y algodón fueran sólidas almenas de un imponente castillo, circundado por un profundo pozo, a su vez inundado con aguas fétidas, repleto de voraces cocodrilos y provisto de un consistente puente levadizo con trampas cruentas. Quería terminar el sueño donde los enemigos que lo sitiaban caían directos a los afilados dientes de los hambrientos reptiles, o morían ahogados en las infestadas aguas, cuando osaban asaltarlo.

Sitiado, pero feliz dentro de la seguridad de su refugio, no intentó desperezarse, y se entregó a la historia: desde las inalcanzables almenas, disparaba con puntería las flechas que procedían de un inagotable carcaj.

El diálogo narrativo

Los diálogos aportan credibilidad al relato.

Un buen diálogo añade realidad a la historia. ¿Cuántas veces hemos reproducido las palabras de una conversación en forma de diálogo? El narrador tiene la posibilidad de dejar que los propios personajes se expresen, informen y describan la acción. A través de sus palabras, el personaje puede desvelar su forma de pensar o sus emociones. Sobre todo, ES LA FORMA NARRATIVA MÁS CERCANA AL LECTOR.

Desde el punto de vista formal, es decir, a la hora de escribir un diálogo, recomiendo la lectura del uso de la raya (y no del guion) que explica la Real Academia de la Lengua Española.

En los textos narrativos, la conversación de un personaje se introduce con una raya:

Espero que todo salga bien —dijo Azucena con gesto ilusionado.

En este caso, cerramos la raya porque a continuación el narrador hace una acotación (da una explicación), estas acotaciones se llaman «incisos». Si queremos que el personaje siga hablando después del inciso, añadimos el signo de puntuación que mejor convenga (en este caso punto, coma y dos puntos):

—Lo principal es sentirse viva —explicó Pilar—. Afortunada o desafortunada, pero viva.

Lo principal es sentirse viva —añadió Pilar—, bien viva.

Anoche estuve en una fiesta —me confesó, y añadió: Conocí a personas muy interesantes.

Si necesitamos que el narrador ahonde en las explicaciones, comenzamos con una raya el inciso que hace el narrador:

No se moleste. —Cerró la puerta y salió de mala gana.

Aclarados los formalismos, podría decirse que no es la única fórmula para hacer hablar al personaje. Existen otras clases de diálogos que transgreden estas normas, como el discurso indirecto, el discurso libre; pero para empezar es suficiente conocer la base.

Pasemos a explicar qué condiciones han de reunir los diálogos para enriquecer el texto narrativo:

Naturalidad y precisión: Los personajes son seres vivos que se comunican entre ellos de manera natural. No hay que forzarlos. Las palabras de los personajes deben de ser las necesarias. Ejemplo de un diálogo entre un visitante y un personaje oriundo que lo acompaña:

―Yo soy de aquí mismo. Vivo allá por el Valleseco, que le decimos ―le desveló―. ¿Y a dónde va? ―preguntó con la curiosidad del nativo ávido de noticias del mundo al otro lado del océano.

―Quiero ir al norte de la isla. ¿Has estado?

―No, don Pedro. Eso es muy lejos. Yo me muevo por aquí cerca. A la mar pa pescar y al monte a por leña pa la cocina. Poco más.

Intencionalidad: Cuando se usa un diálogo en medio del relato hay un propósito. No se hace para rellenar huecos. Refleja la personalidad del personaje, está ligado al contexto de la trama, se abren vías, dudas, emociones… Ejemplo que deja ver la tristeza:

―De aquí se van todos los que ahorran veinte duros. Se echan al mar en cuanto pueden. Algunos regresan y se pasean ufanos ―dijo y apartó la mirada―. Otros no vuelven…

―¿Un esposo?

―Uno que lo pretendía ―respondió con la cabeza vuelta a la calle.

―Marchó y no ha vuelto, supongo.

―Algo así…

―Discúlpeme. No quiero ahondar en la herida.

―Ya no me duele. No se preocupe ―dijo y siguió el ajetreo de la calle con la mirada.

Fluidez: Los diálogos entre personajes deben de ser fluidos, tener un ritmo propio y esa fluidez ha de estar relacionada a la situación que se describe. Ejemplo de un interrogatorio:

―¿No insinuará…?―preguntó con los ojos abiertos.

―Lo afirmo.

―Yo no estaba.

―Hay testigos, hay pruebas ―insistió el policía.

Coherencia: Los diálogos han de coincidir con el registro de cada personaje y reflejar sus emociones en cada momento que interviene.

Verosimilitud: Hay que intentar que el diálogo sea creíble.

En la ficción no hay lugar para frases que no sean significativas; aun la conversación más intrascendente debe mostrar algo de los personajes implicados.

La creación del espacio

espacio en la narración
Descripción del espacio en la narración

El espacio donde se mueven los personajes debe tener un propósito. Es un recurso que debemos conectar con todos los demás en el desarrollo de nuestra historia.

El curso de novela organizado por escritores.org me está siendo muy productivo en ese aspecto. La perspectiva del lector y del escritor son diferentes, eso lo tenía claro, pero al cruzar al otro lado no disponía de los ojos para llegar a esa conclusión. Las explicaciones me los han abierto de par en par.

Al principio de mis escritos actué un poco por instinto, pero inconsciente de la necesidad de aplicarse con el espacio, tanto como con el resto de elementos que se mezclan y caen por el único hueco del embudo. El resultado es todo lo que el lector ha de sentir y experimentar frente a la historia que tiene entre sus manos.

En el proceso de construcción del relato he hablado de la idea y el personaje. Ahora quiero compartir algo sobre el lugar donde se ubican y se mueven los personajes.

Nuestros personajes están rodeados por determinados escenarios cuya descripción ha de contribuir a nuestra necesidad de trasmitir un sentimiento o un conflicto. Un ejemplo muy sencillo puede ser el siguiente:

Laura salió a la calle (abarrotada/vacía). (Apenas) unos (pocos) viandantes andaban (alegres/taciturnos).

Si el objetivo del narrador es celebrar la alegría del personaje que acaba de recibir una buena noticia, o por el contrario, contar lo disgustada que estaba por un fracaso, el escenario descrito tomará uno u otro giro.

Los lugares en los que se sitúan los hechos desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de la novela que, para numerosos escritores, toma cuerpo cuando instalan los hechos en un lugar que les mueve los sentimientos.