Después de este artículo, creo que estarás listo para exhibir tus libros de forma atractiva y económica en ferias o trabajos escolares Recuerda adaptar este tutorial según tu estilo y necesidades, ¡y diviértete en el proceso creativo!
Vídeo tutorial: cómo crear tu propio expositor de libros.
En esta ocasión, he adquirido algún material de papelería, pero también puedes utilizar cartón simplemente. Crear tu propio expositor de libros es más económico utilizando materiales reciclados, puedes crear un expositor funcional sin gastar dinero.
Una gran ventaja es que puedes personalizarlo teniendo en cuenta el tamaño del libro que quieres exponer. Al hacerlo tú mismo, puedes trabajar el diseño y la apariencia de acuerdo con tus preferencias y necesidades.
Personalmente, creo que fomenta mi creatividad al diseñar y construir un expositor único que destaque entre otros. Además estamos contribuyendo con el entorno al reutilizar materiales y reducir residuos.
Enseñar a un niño a escribir cuentos puede ser una experiencia emocionante y gratificante. Al fomentar su creatividad y ayudarles a desarrollar habilidades de escritura, le estaremos proporcionando una herramienta valiosa para expresarse y comunicarse. Aquí hay algunas pautas y consejos sobre cómo enseñar a un niño a escribir cuentos:
Fomentar la imaginación: Anime al niño a dejar volar su imaginación. Pídale que piense en personajes interesantes, lugares emocionantes y situaciones intrigantes. Hágale preguntas que estimulen su creatividad, como «¿Qué pasaría si los animales pudieran hablar?» o «¿cómo sería un día en un planeta lejano?».
Establecer una rutina de escritura: Establezca un momento dedicado a la escritura de cuentos. Podría ser después de la escuela, antes de acostarse o durante los fines de semana. Mantener una rutina les ayudará a desarrollar el hábito de la escritura y les permitirá practicar regularmente.
Proporcionar herramientas de escritura: Asegúrese de que el niño disponga papel, lápices de colores y bolígrafos. También puede considerar la opción de utilizar un procesador de textos en el ordenador, ya que esto les permitirá editar y corregir fácilmente sus historias (¡nivel avanzado!).
Iniciar con cuentos cortos: Comience con historias cortas y sencillas. Esto les ayudará a adquirir confianza en su capacidad para escribir. Anímelo a desarrollar una introducción, un conflicto y una resolución. Pídales que piensen en un final satisfactorio para su historia.
Enseñar la estructura del cuento: Explique los diferentes elementos de un cuento: los personajes, el entorno, la trama y el desenlace. Anime al niño a desarrollar cada uno de estos elementos y a crear personajes con características y personalidades distintivas.
Fomentar la revisión y la edición: Guarde el cuento y vuélvalo a poner sobre la mesa una semana más tarde. Enseñe al niño la importancia de revisar y editar su trabajo. Anímelo a leer en voz alta su historia para identificar posibles errores o áreas que podrían mejorarse. Ayúdele a corregir la gramática, la puntuación y la estructura de las frases.
Estimular la lectura: La lectura y la escritura están estrechamente relacionadas. Anime al niño a leer libros y cuentos de diferentes géneros para que se familiarice con diferentes estilos de escritura y amplíe su vocabulario. La lectura también les ayudará a generar ideas y a inspirarse para sus propias historias.
Celebrar y compartir: A medida que el niño vaya terminando sus cuentos, celebre sus logros y comparta su trabajo con la familia y amigos. Esto les dará una sensación de orgullo y les motivará a seguir escribiendo.
Recuerde que el proceso de aprendizaje de la escritura de cuentos lleva tiempo y paciencia. Anime al niño a disfrutar del camino y no se centre tanto en la perfección. Lo más importante es fomentar su amor por la escritura y permitirles expresarse libremente a través de sus historias.
También recomiendo que lea un libro desde el punto de vista de un escritor: ¿Quiénes son los personajes? ¿Cuáles son sus cualidades? ¿Qué problema tienen? ¿Cómo se resolvieron esos problemas…?
Mezclar narración y descripción. Un relato alterna (no siempre) los pasajes narrativos con los descriptivos. Cuando narramos una historia, estamos contando los hechos y ello implica las acciones. Lo siguiente es un simple ejemplo:
«Entré al cine, me detuve a comprar un refresco antes de comenzar la película» (pasaje narrativo).
La descripción envuelve el mundo donde transcurren los hechos:
«Entré al cine abarrotado. Espectadores, confusión y una larga cola de espera para comprar un refresco antes de comenzar la película.
Mediante la narración contamos qué pasó. Para ello usamos verbos. En la descripción explicamos cómo es y utilizamos los sustantivos, los adjetivos y los adverbios.
En una novela bien elaborada la descripción no es independiente, sino que está al servicio de la narración; la amplía y la enriquece.
Ejemplo de descripción:
«Las calles que daban a la plaza, tortuosas, tenebrosas, con una iluminación moribunda, parecían deshabitadas. Y en el silencio la campana de la catedral tocaba lentamente a ánimas.» (El crimen del padre Amaro – Eça de Queiroz)
Ejemplo de descripción y narración:
«La lamparilla agonizaba en la cabecera de la cama; y la pobre vieja, con una lúgubre cofia de punto negro que volvía más lívida su carita arrugada como una manzana reineta, abultando casi imperceptiblemente bajo la ropa de cama, fijaba en todos, con temor, sus ojillos cóncavos y llorosos.» (El crimen del padre Amaro – Eça de Queiroz)
Una película o una obra de teatro tiene múltiples escenas, unas veces narrativas, otras son diálogos, o reflexiones o descripciones. La suma de las escenas alimenta el argumento.
Cuando construimos una escena tenemos que tener en cuenta cómo trazar el argumento de nuestro relato: ¿Qué relación tiene con lo anterior y con la siguiente escena?
Vamos a suponer que deseamos describir un personaje desmotivado porque no quiere ir al colegio. Tiene un examen difícil que no ha estudiado, un abusón se comerá el bocadillo en la hora del recreo… El OBJETIVO de la siguiente escena, que propongo como ejemplo, es describir esa desmotivación:
Alberto abrió los ojos y los volvió a cerrar de inmediato. Los párpados le pesaban más de lo habitual cuando se trataba de ir al cole. Le bastó un segundo para darse cuenta de que era la hora de salir de la cama, pero no quiso asumir el reto de enfrentar el nuevo día.
Arrebujado entre la cálida sábana de franela y el edredón grueso volvió a acomodarse en el mullido colchón donde se sentía protegido, como si aquellas mezclas de telas sintéticas y algodón fueran sólidas almenas de un imponente castillo, circundado por un profundo pozo, a su vez inundado con aguas fétidas, repleto de voraces cocodrilos y provisto de un consistente puente levadizo con trampas cruentas. Quería terminar el sueño donde los enemigos que lo sitiaban caían directos a los afilados dientes de los hambrientos reptiles, o morían ahogados en las infestadas aguas, cuando osaban asaltarlo.
Sitiado, pero feliz dentro de la seguridad de su refugio, no intentó desperezarse, y se entregó a la historia: desde las inalcanzables almenas, disparaba con puntería las flechas que procedían de un inagotable carcaj.
Hace unos días comenté en la publicación ¿cómo concebir una novela? la importancia de tener una idea (un argumento o trama) para iniciar nuestro relato.
Siempre les digo a mis alumnos que planteen las ideas antes de abordar la redacción de un texto, cualquiera que sea. Esbozar en pocas líneas nuestro propósito y añadir algunas frases orientativas.
Hay un universo de historias infinitas sobre las que escribir. No todo está dicho y si se ha dicho, cada individuo puede aportar un punto de vista distinto o mirar el objeto desde otra óptica.
Para empezar, cada persona tiene su propia historia, y aunque parezca igual, no lo es. La forma de interpretar la realidad, la percepción de lo cotidiano varía de individuo a individuo. Todos llevamos un narrador dentro y nos encanta compartir nuestras historias cotidianas, o sentarnos en una cafetería con viejos amigos para evocar la juventud o la infancia y ser felices también con ello.
Algunos autores no revelan cómo eligen sus historias. Otros dicen que son las historias quienes los eligen a ellos. Puede ser que encuentres una noticia en un periódico y te inspires. Puede ser que un sobre de azúcar contenga una sugerente frase con la que iniciar un relato. La historia personal, la de la familia, la del colegio o la de un viaje…
Elige un conflicto o invéntalo en torno a uno o varios personajes. Preséntalo, enrédalo en un problema y busca una solución.
Los fotógrafos se valen de sus máquinas para captar momentos de la vida y transformarlas en mensajes. El que desee escribir seguro que observa la realidad como hace un pintor o un fotógrafo, pero en lugar de colores o imágenes, compondrá el cuadro con palabras.
Un ejemplo: ¿hay algo en particular en una pasajera que aguarda la señal para embarcar en el avión que la llevará a su destino? Tal vez no. Pero tal vez sí. La disposición en el asiento, los movimientos que haga, levantarse o sentarse, estirar las piernas, rebuscar en el bolso, llamar por teléfono, perder la vista en el techo de la sala… Para alguien que le guste escribir, ahí puede haber una historia. Tenemos el personaje, ¿Cuál será la trama? ¿Cuál será el nudo? ¿Cuál el desenlace?
Si consigues responder a estas preguntas, tendrás el argumento de tu historia.
Pertenezco al grupo de personas que escribe de manera espontánea, sin mucha planificación. Tal vez porque mis primeros lectores han sido siempre mis hijos y a ellos les dedico el esfuerzo sin pensar quién más leerá mis textos luego. De momento esa es la motivación principal. A veces ellos mismos me «encargan» la historia que les gustaría leer: una de héroes de pacotilla, una de fantasía, una de ficción.
Así me dejo llevar y parto de una idea, por supuesto, pero dejo que los personajes, los lugares y la trama vayan construyéndose, como si tratara de rellenar La Nada de Michael Ende, aquella que engullía la fantasía.
Para mí, escribir es un proceso catártico que me abre una puerta a otra habitación de casa y me lleva a recuperar objetos extraviados en la memoria o doy rienda suelta a pensar qué sucedería si… Suelo cerrarla a mis espaldas y dejarme arrastrar por el personaje o los personajes. Disfruto del proceso de maduración de ellos, de cómo van evolucionando de manera imprevisible a lo largo de las páginas.
Concebir una estructura previa me resulta muy complicado. Creo que no conseguiría llegar a ninguna parte. No tengo la paciencia de programar y prefiero improvisar. Luego, voy rellenando los huecos y empujando las cosas hacia una parte u otra cuando encuentro la respuesta que estaba buscando.
Pero no es la única fórmula. También puedes ser una persona minuciosa, que no te gusta dejar nada al azar. Es posible concebir la obra capítulo a capítulo, paso a paso. Determinar los nudos y desenlaces. Preconcebir la estructura, tener lista la información…
O moverse en medio de las dos líneas. Lo importante es la IDEA.
Literatura juvenil canaria. Literatura infantil canaria.