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Tipos de finales literarios: Guía para cerrar tu novela con impacto

¿Estás escribiendo siguiendo tu instinto o tienes una estructura clara? Sea cual sea tu método, conocer las herramientas narrativas para cerrar tu historia es vital para alcanzar la maestría.

Los finales en la literatura son como la cereza en la cima de un pastel: pueden ser dulces y satisfactorios, o agrios y desconcertantes. Los autores tienen una variedad de opciones cuando se trata de cerrar sus historias, y cada tipo de final deja una impresión única en los lectores.

Acabar bien significa que has logrado anudar todas las cuerdas que has desarrollado a lo largo del relato. No es una tarea fácil, pues requiere concentración, especialmente si no has estructurado minuciosamente la obra y has avanzado siguiendo tus instintos, las necesidades del personaje o de los personajes y las características de la trama.

Cuando te enfrentes a tu relato, te recomiendo realizar un ejercicio de preparar un final inesperado, porque serás recompensado por el lector. No quiere decir que el texto pueda terminar de manera lógica, puesto que los acontecimientos desembocan de forma natural en un final esperado (lo digo para que no te obsesione pensar en finales inesperados).

Veamos algunos de los tipos más comunes de finales literarios. Empezaré por el final inesperado, seguramente porque es el que más gusta.

  1. Final inesperado (twist ending): el arte del asombro. La clave: El lector debe sentir que la respuesta estuvo allí todo el tiempo, escondida entre líneas. Hace poco leí un relato corto, ganador de un concurso de relatos breves, probablemente por la brillantez de su final inesperado. El narrador, en primera persona, se desvelaría como el propio Pinocho. Sin embargo, antes de ese momento, el lector escuchaba las quejas de un niño de carne y hueso. Los buenos finales inesperados no son giros arbitrarios, sino revelaciones que estaban latentes, escondidas entre líneas, esperando ser descubiertas.
  2. Final abierto. Este tipo de final deja cabos sueltos o preguntas sin respuesta, lo que invita al lector a imaginar qué ocurre después. Puede ser frustrante si no se ha manejado bien, pero cuando está justificado por el tono o el tema de la obra, resulta poderoso. Piénsalo como un cierre que se convierte en inicio: en lugar de entregar todas las respuestas, deja resonando la pregunta más importante. Utilízalo cuando el tema de tu obra es más importante que la trama. Es un cierre que funciona como un nuevo inicio.
  3. Final cerrado. Es el opuesto del anterior: todo se resuelve, no quedan hilos sin atar, y el lector puede cerrar el libro con una sensación de plenitud. Es común en novelas de misterio, aventuras o comedias románticas, donde lo esencial es que los personajes cumplan su arco y los conflictos lleguen a una resolución lógica.
  4. Final circular. En este caso, la historia regresa al punto de partida, aunque los personajes hayan cambiado. Puede ser simbólico, melancólico o incluso cómico. Funciona muy bien cuando el mensaje tiene que ver con el destino, la repetición o la imposibilidad de escapar de uno mismo.

Los finales también pueden ser una combinación. Yo utilicé un final cerrado, pero dejé la puerta abierta para una nueva historia en El libro secreto de Marco, por ejemplo.

Al elegir el final de tu historia, piensa en la emoción que quieres dejar en el lector. El desenlace es lo último que se lleva consigo, y a veces, lo que recordará para siempre.

A partir de hoy, cuando leas una novela, analiza por qué tipo de desenlace optó el autor. Luego, al elegir el tuyo, no te obsesiones solo con sorprender. Piensa en la emoción residual que quieres dejar. Como escritor, tienes la responsabilidad de decidir cómo se apaga la luz en tu escenario. Hazlo con intención, no por azar.

Caperucita Roja: el poder de la narrativa tradicional en la concepción de historias.

¿Es posible utilizar los cuentos tradicionales para fomentar la imaginación?

Hoy viví una de esas jornadas que reconcilian con el propósito de escribir. Me desplacé hasta el CEIP Tamaimo, en Tenerife, para compartir un taller literario con el alumnado de 4.º de Educación Primaria y la experiencia superó cualquier expectativa. Esta actividad ha sido una puesta en práctica de la teoría que expongo en mi libro, ¿Cómo te lo cuento?, donde exploro los mecanismos para construir historias que atrapen al lector en base a los cuentos tradicionales.

Entré al aula con el lógico respeto que impone un grupo numeroso; temí que la intensidad de los objetivos previstos se diluyera, pero encontré un entusiasmo desbordante. Durante dos horas intensivas que pasaron veloces, estos jóvenes mantuvieron la atención, sin pestañear, entregados por completo a la manufactura de historias que nacen desde los pies hasta la cabeza.

Para romper el hielo, decidimos que era el momento de jugar con lo conocido y escenificamos el cuento tradicional de Caperucita Roja. Varias alumnas se transformaron en actrices de un teatro improvisado que no tardó en cautivar al resto del público. Esta dinámica sirvió de base para un ejercicio de perspectiva fascinante: les pedí que eligieran a otros personajes de la historia y que inventaran conflictos nuevos. Colocamos cada pieza en la pizarra para que la experiencia fuera colectiva.

Fue emocionante observar cómo buscaron soluciones originales y se atrevieron a enriquecer su léxico. Descubrieron que los sustantivos, enriquecidos con adjetivos, tienen el poder de proyectar imágenes nítidas en la mente del lector si se eligen con el cuidado y el propósito adecuado.

Trabajamos el orden de las acciones, el peso de las consecuencias y esa técnica tan necesaria del diálogo narrativo hasta que alcanzamos el clímax de sus relatos.

Ver sus caritas sonrientes y tener el privilegio de leer creaciones con tanto impacto a una edad tan temprana supone, sin duda, uno de los momentos más gratificantes de este curso escolar. Hoy espero que en Tamaimo se prendiera una chispa creativa que perdure. Ojalá alguno de estos relatos sea el primer paso de los futuros escritores que llevarán el nombre de nuestras islas a lo más alto del panorama literario. ✍️

Una semana sin TikTok e Instagram mejora la salud mental de los jóvenes, según JAMA

¿Qué ocurre cuando los jóvenes dejan las redes sociales durante una semana?

El impacto de las redes sociales en la salud mental de niños y jóvenes es una preocupación creciente en el ámbito educativo y familiar. Un estudio reciente publicado en JAMA Network Open aporta datos relevantes a este debate: reducir el uso de redes sociales durante solo siete días se asocia con una mejora significativa en la salud mental de jóvenes adultos.

La investigación se llevó a cabo en Estados Unidos con 373 participantes de entre 18 y 24 años, un grupo especialmente expuesto al uso intensivo de plataformas como TikTok, Instagram, Snapchat, Facebook y X.

Resultados principales del estudio.

Tras dos semanas de observación inicial, 295 participantes aceptaron voluntariamente reducir su uso de redes sociales durante una semana completa. Los resultados fueron consistentes y estadísticamente significativos:

  • Reducción del 24,8 % en síntomas depresivos.
  • Disminución del 16,1 % en síntomas de ansiedad.
  • Descenso del 14,5 % en síntomas de insomnio.
  • Sin cambios relevantes en la sensación de soledad.

Los investigadores observaron que los mayores beneficios se produjeron en quienes presentaban síntomas depresivos más intensos al inicio, lo que resulta especialmente relevante para contextos educativos y de acompañamiento juvenil.

Más allá del tiempo de pantalla: el problema es el uso.

Uno de los aportes más valiosos del estudio es que el tiempo total frente al móvil no fue el factor decisivo. La salud mental se vio más afectada por lo que los autores denominan uso problemático de redes sociales, caracterizado por:

  • Comparación social constante.
  • Dependencia emocional del contenido digital.
  • Uso compulsivo y pérdida de control.

Esto refuerza una idea clave para docentes y familias: no se trata solo de prohibir o limitar, sino de educar en el uso consciente y crítico de la tecnología.

Implicaciones educativas: lectura, atención y bienestar emocional.

Desde la docencia y la promoción de la lectoescritura, estos hallazgos invitan a una reflexión profunda. La reducción del uso de redes sociales no solo impacta en la salud mental, sino también en la capacidad de atención sostenida, la reflexión profunda y el vínculo con la lectura.

La lectura —especialmente la literatura infantil y juvenil— ofrece espacios de:

  • Regulación emocional.
  • Empatía y comprensión del otro.
  • Desarrollo del pensamiento crítico.
  • Construcción de identidad.

Frente a la estimulación fragmentada de las redes, el acto lector propone pausa, profundidad y sentido, elementos fundamentales para el desarrollo integral de niños y jóvenes.

¿Pueden las “pausas digitales” ser una herramienta educativa?

Aunque los autores del estudio aclaran que se necesita más investigación para evaluar los efectos a largo plazo, los resultados sugieren que pequeñas intervenciones, como una semana sin redes sociales, pueden generar mejoras reales y medibles.

En el ámbito educativo, esto abre la puerta a propuestas como:

  • Jornadas o semanas de desconexión digital.
  • Proyectos de lectura intensiva.
  • Talleres de escritura creativa.
  • Espacios de reflexión sobre el uso consciente de la tecnología.

Fuente científica

Calvert E., Cipriani A., Dwyer B., et al.
Social Media Detox and Youth Mental Health.
JAMA Network Open. 2025;8(11):e2545245.
DOI: 10.1001/jamanetworkopen.2025.45245
Publicación original en JAMA Network Open.

¿Por qué escribir a mano mejora la comprensión lectora según la ciencia?

Fernando Armas, docente, autor.

En los últimos años, la presencia de pantallas en la vida cotidiana ha transformado profundamente la forma en que leemos y escribimos. Sin embargo, la investigación científica está mostrando que, aunque los formatos digitales ofrecen comodidad y velocidad, la lectura en papel y la escritura a mano siguen teniendo ventajas significativas para la comprensión, la memoria y la activación cerebral.

Diversos estudios en neurociencia y psicología del aprendizaje coinciden en que estas prácticas analógicas facilitan un procesamiento más profundo de la información, algo especialmente relevante en contextos educativos.

La «geografía del texto»: ¿Por qué recordamos mejor lo que leemos en papel?

Uno de los trabajos más conocidos sobre la lectura en papel es el realizado por la investigadora Anne Mangen y su equipo en 2013. En este estudio se pidió a estudiantes que leyeran el mismo texto en formato impreso o en pantalla. Al evaluar la comprensión, especialmente la que requiere inferencias y seguimiento del argumento, los participantes que leyeron en papel obtuvieron mejores resultados.

Según Mangen, esta diferencia se explica por la “geografía del texto” en el soporte físico: el lector puede ubicar las ideas en el espacio de la página, recordar dónde estaba un pasaje o retroceder con más facilidad, lo que contribuye a construir una representación mental más estable del contenido.

Escritura manual vs. teclado: El impacto en el aprendizaje profundo.

La escritura a mano ofrece un fenómeno similar, pero incluso más potente desde el punto de vista cerebral. En 2014, Pam Mueller y Daniel Oppenheimer demostraron que los estudiantes que toman apuntes a mano comprenden mejor los contenidos que aquellos que lo hacen en un teclado. En su investigación observaron que la escritura manual obliga a seleccionar, sintetizar y reformular ideas, pues la velocidad de la mano no permite transcribir palabra por palabra.

Según estos autores, esta necesidad de condensar la información genera un procesamiento más profundo y, en consecuencia, un aprendizaje más duradero.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro al formar letras a mano?

La neurociencia también ha aportado hallazgos muy relevantes. La investigadora Karin James ha demostrado mediante estudios de resonancia magnética que, cuando una persona escribe una letra a mano, aunque lo haga de forma imperfecta, se activan simultáneamente áreas motoras, visuales y del lenguaje. En uno de sus trabajos, publicado en 2017, James explica que el acto de formar letras crea una conexión más robusta entre la percepción visual y los circuitos motores, vínculo que no aparece cuando las letras solo se observan o se teclean. Este proceso, según la autora, contribuye a que el cerebro “aprenda” las letras de manera más significativa.

Siguiendo esta línea, la investigadora Stephanie Vinci-Booher1 también ha mostrado que la experiencia de escribir a mano deja huellas mensurables en el cerebro. En un estudio publicado en 2021, Vinci-Booher observó que los niños que practicaban la escritura manual presentaban una activación más compleja en regiones implicadas en la atención, la memoria y el reconocimiento visual.

Según señala Stephanie Vinci-Booher en sus conclusiones, la combinación entre movimiento, percepción y simbolización convierte la escritura manual en un ejercicio neurológicamente rico, capaz de fortalecer los sistemas cerebrales que intervienen en la lectura y el aprendizaje.

Beneficios para niños y adultos: De la atención a la memoria.

Otros trabajos, como los de Longcamp y colaboradores2, han comparado el aprendizaje de letras a través del teclado y de la escritura manual. Sus resultados muestran que los niños que practican la escritura a mano reconocen mejor las letras después, mientras que quienes solo utilizan el teclado presentan un aprendizaje más superficial. Según el equipo de Longcamp, esto se debe al componente motor fino que acompaña la escritura manual: el cerebro codifica lo que ve y la secuencia de movimientos necesaria para producir cada letra, lo que mejora la memoria.

Incluso en adultos, la escritura manual parece favorecer la concentración y la consolidación de ideas. Investigaciones recientes de Askvik, van der Weel y van der Meer (recomiendo escucharla en este enlace) han mostrado que la escritura cursiva activa redes cerebrales relacionadas con la integración sensoriomotora y la regulación de la atención, efectos que no se replican con la misma intensidad en la escritura mecanografiada.

Según estos autores, el ritmo más pausado y el compromiso corporal de escribir a mano promueven un estado de procesamiento más reflexivo.

A pesar de estas evidencias, la intención de la investigación no es rechazar los recursos digitales. La mayoría de los autores coinciden en que la tecnología es valiosa para tareas como la búsqueda de información, la colaboración y la edición. Sin embargo, cuando el objetivo es comprender un texto complejo, recordar información a largo plazo o desarrollar ideas propias, la lectura en papel y la escritura manual muestran ventajas claras. Como señala James, «el cerebro no ha cambiado tan rápido como las tecnologías».

Seguimos siendo seres profundamente corporales y nuestra cognición se beneficia de la interacción física con el texto.

Un equilibrio necesario entre lo analógico y lo digital.

La conclusión que emerge de todos estos estudios es que leer en papel y escribir a mano no son hábitos nostálgicos, sino prácticas con un profundo fundamento neurocognitivo. Integrarlas de manera equilibrada con las herramientas digitales puede ofrecer entornos de aprendizaje más completos, respetuosos de cómo el cerebro procesa y consolida la información. En un mundo cada vez más orientado a la velocidad, estos gestos: pasar una página, sostener un lápiz, formar una letra, siguen siendo aliados esenciales para pensar mejor.

Sobre el Autor: Fernando Armas Pérez

Con más de 32 años de trayectoria docente en Lengua y Literatura Inglesa, Fernando Armas Pérez es una voz de referencia en la pedagogía y la expresión escrita en Canarias. Autor prolífico con más de 15 libros publicados, ha dedicado la última década a la difusión de técnicas de narración y escritura creativa en centros educativos y centros de formación del profesorado en las Islas Canarias.

Fernando Armas Pérez se ha especializado en comprensión lectora y promoción de la literatura. La labor ha sido reconocida con diversos premios literarios que avalan el compromiso con la excelencia educativa y creativa. A través de talleres, publicación de libros como editor y concursos, Fernando fusiona la experiencia en el aula con la innovación pedagógica para potenciar el desarrollo cognitivo y crítico de jóvenes lectores y escritores.

Conecta con el autor: Perfil en LinkedIn | Author Central en Amazon

  1. Artículo de revista científica. Handwriting development in a digital age: Early brain connectivity in children with and without autism spectrum disorder.
    Vinci-Booher, S., James, K. H., Bickel, K. E., y Marenda, D. R.
    Revista: Development and Psychopathology
    Datos de publicación: Volumen 33, Número 5, páginas 1845–1857 (2021). ↩︎
  2. Learning through hand- or typewriting influences visual recognition of new graphic shapes: Behavioral and functional imaging evidence. Marieke Longcamp, Charlotte Boucard, Jean-Claude Gilhodes, Jean-Luc Anton, Michel Roth, Bernard Nazarian, y Jean-Luc Velay. Fuente (DOI): 10.1162/jocn.2008.20504 ↩︎

El diálogo narrativo: Cómo escribir conversaciones creíbles y dinámicas en tu novela

¿Alguna vez has releído una escena y has sentido que tus personajes hablan como robots, soltando información sin alma? Es una frustración común. El diálogo narrativo es, a menudo, la prueba de fuego de un escritor. Si falla, el lector se desconecta. Si triunfa, tus personajes saltan de la página, ofreciendo conversaciones dinámicas y absolutamente inolvidables. Como autor de literatura infantil y juvenil con años de experiencia creando voces para jóvenes, hadas, hechiceros y una niña que ama las palabras, he destilado algunas claves para que escribas diálogos creíbles que resuenen. Espero abrirte la puerta a la guía definitiva para convertir las palabras de tus personajes en oro puro.

1. La función invisible: Por qué el diálogo es más que conversación

El diálogo es una herramienta multiusos que trabaja en las sombras para construir tu historia.

El diálogo como herramienta de caracterización (mostrar, no contar)

Un personaje se revela mucho más por cómo habla que por una descripción de su personalidad. El vocabulario de un personaje (¿usa palabras complejas o jerga simple?), su sintaxis (¿frases largas o cortas y entrecortadas?) y su tonalidad (¿siempre optimista, o con sarcasmo constante?) son la huella dactilar del alma. Un hechicero ancestral no hablará igual que una niña aventurera. ¡Muéstralo a través de su voz!

Impulsar la trama: La información relevante en el momento justo

El diálogo debe hacer avanzar la historia. Es el vehículo perfecto para la revelación de secretos, la presentación de un dilema ético o la motivación que lleva a la acción. Si una conversación no cambia el estado emocional o situacional de la escena, córtala. El «Hola, ¿qué tal?» está bien, pero el «Debo contarte algo que descubrí en el viejo mapa» es el que hace girar la rueda de la historia.

Creación de ritmo y atmósfera (la voz de los personajes)

El diálogo controla el pulso de la narración. Los diálogos cortos y rápidos entre dos personajes en tensión (un ping-pong verbal) aceleran el ritmo hacia el clímax. Los diálogos más largos y reflexivos o un monólogo pueden ralentizarlo, creando una atmósfera de intimidad o melancolía.


2. El arte de la credibilidad: cinco reglas para diálogos que suenan reales

La voz única: Cómo diferenciar el habla de cada personaje

Cada personaje principal debe sonar distinto, incluso si les quitas las acotaciones de quién habla. Para lograrlo, piensa: ¿Cuál es la palabra favorita de mi personaje? ¿Cuál es su muletilla? ¿Y qué cosas jamás diría? Por ejemplo, una joven como Amanda (de mis libros) usaría palabras precisas y directas, mientras que el hechicero podría emplear un lenguaje más antiguo o ceremonial.

Evitar las «cargas de información» (infodumping1)

Uno de los errores más letales es hacer que un personaje le cuente a otro algo que ambos ya saben, solo para informar al lector.

NO: —Recuerda, Mateo, que la llave mágica que custodiamos desde hace cien años es la única que puede abrir el portal.

SÍ: Mateo deslizó la mano por el bolsillo.

—La llave está a salvo. Después de cien años, no la perderé ahora.

La importancia del subtexto: Lo que no se dice

El subtexto es el verdadero significado oculto tras las palabras. Si un personaje está furioso, quizás solo diga «Estoy bien», pero su tono y la acción que lo acompaña (golpear un puño, mirar al suelo) deben revelar la mentira. Los diálogos más intensos ocurren cuando los personajes dicen una cosa, pero quieren decir algo completamente diferente.

El uso inteligente de los dialectos y la jerga (moderación y autenticidad)

Si tu personaje es un adolescente, usará jerga (p. ej., «Está random este plan»). Si es de otra región, tendrá su dialecto. Úsalo con moderación; demasiado dialecto dificulta la lectura. Lo esencial es incorporar unas pocas palabras clave para dar sabor y autenticidad sin abrumar.


3. Estructura y estilo: Dominando las acotaciones y verbos de habla

Acotaciones narrativas: El balance entre «dijo» y verbos de acción

El verbo más seguro y menos intrusivo es «dijo». Los lectores lo leen casi inconscientemente. Evita el uso constante de verbos de habla que intentan describir la emoción y la acción a la vez (p. ej., «gimoteó tristemente», «preguntó ansiosamente»). Es mejor usar:

  • «Dijo» o «preguntó» (simplicidad).
  • Verbos de acción que acompañan el diálogo: Corrió, se sentó, levantó una ceja, suspiró.

Ejemplo:

—Ya estamos tardando —dijo ella. Brizna se mordió el labio, dudando.

El manejo de la puntuación en diálogos directos e indirectos

Usa el diálogo directo (con rayas) para el impacto inmediato. Usa el diálogo indirecto (parafraseado por el narrador) para resumir conversaciones aburridas o de relleno: Él le preguntó sobre la escuela y ella le contestó que todo iba bien.

Diálogo interno vs. diálogo externo: ¿Cuándo usar cada uno?

El diálogo externo impulsa la trama. El diálogo interno (pensamientos del personaje, entre comillas latinas) permite la reflexión y revela la discrepancia entre lo que dice y lo que realmente siente. Usa el interno para profundizar en la complejidad emocional.

La técnica del corte o el cut-off para generar tensión

Usa los puntos suspensivos (…) para cortar el diálogo justo antes de que el personaje diga algo crucial, o cuando otro personaje lo interrumpe. Esto genera una tensión dramática inmediata.

Ejemplo:

—Estaba a punto de decirte que en el bosque hay un…

—¡Cállate! Alguien viene.


4. Errores comunes que destruyen la fluidez de un diálogo.

Diálogos funcionales o «de servicio» (y cómo reescribirlos)

Evita las conversaciones que solo existen para pedir un café, confirmar una cita o enumerar una lista de tareas. Si tienes un diálogo que no hace nada más que avanzar la logística, busca la forma de convertirlo en una oportunidad de caracterización o conflicto.

Los clichés y frases predecibles (y cómo evitarlos con imaginación)

  • «Tenemos que hablar.»
  • «No es lo que parece.»
  • «¿Estás bien?» (Respuesta: «Sí, estoy bien.»)

Sustituye la frase gastada por una reacción emocional inesperada.

La sobreexplicación o la redundancia en las respuestas.

Asegúrate de que los personajes no repitan información ni se expliquen demasiado. La vida real es ambigua; deja que tu lector infiera el significado. Si un personaje pregunta algo y el otro responde diciendo la misma pregunta de forma diferente, edita.

¿Cómo corregir el diálogo en la fase de revisión?

  1. Léelo en voz alta: Este es el mejor filtro. Si suena forzado o falso, reescríbelo.
  2. Elimina los saludos y despedidas innecesarios: El lector asume que se saludaron, a menos que el saludo sea clave para la trama.
  3. Quita los adjetivos superfluos de las acotaciones (p. ej., quitar «con una sonrisa malvada» si el diálogo ya es malvado).

5. Más allá de las palabras: Integrando el diálogo con la acción

El diálogo acompañado de gestos y lenguaje corporal

Un diálogo gana peso cuando se ancla en el mundo físico. Una acción puede contradecir o reforzar la palabra.

—No estoy nervioso —dijo el niño. Su mano temblaba mientras sostenía la linterna.

Ejemplo práctico: Una escena de conflicto dialogado

El escenario: Brizna, el hada, está a punto de hacer algo arriesgado, y Zacarías intenta detenerla.

Zacarías la tomó del brazo.

—No lo hagas.

Brizna se zafó con un gesto rápido.

—Solo aquellos que creen en la magia pueden encender la luz del cambio. ¿No recuerdas?

Él suspiró, la sombra del olvido parecía pesarle.

—Sí, lo recuerdo. Pero a veces el cambio duele.

—El dolor es solo otra palabra, Zacarías —replicó, y saltó al vacío.

Recursos adicionales para profundizar en la técnica:

  • Descubre cómo la lectura dramatizada puede mejorar la voz de tus personajes.
  • Explora el uso del role-playing dramático en la construcción de diálogos.
  • Conoce las obras de Fernando Armas donde aplico estas técnicas.

Recuerda, el diálogo narrativo es la chispa que da vida a tus personajes, el motor invisible que impulsa tu historia. Al dominar el subtexto, la caracterización a través del habla y la integración con la acción, dejarás atrás los diálogos planos y artificiales. Ahora tienes las herramientas para que tus novelas tengan conversaciones dinámicas y creíbles. ¡Tus personajes están listos para hablar!


¿Qué otros desafíos narrativos te gustaría resolver? ¿Tienes algún diálogo que te esté dando problemas y quieres que analice? ¡Déjame un comentario y sigamos creando historias inolvidables!

  1. Infodumping, que viene de infodump, es algo así como un vertedero de información, o sea, el exceso de información en una novela. ↩︎

Del guion a la crítica: el role-playing dramático para el pensamiento crítico

El éxito de la publicación sobre la lectura dramatizada me confirmó algo vital: los educadores buscamos herramientas prácticas para mejorar la expresión oral y la comprensión lectora. Pero el verdadero desafío actual, la necesidad fundamental de la educación, es cultivar el pensamiento crítico.

¿Cómo llevamos a nuestros alumnos de 5.º y 6.º de Primaria a trascender la interpretación para convertirse en analistas, argumentadores y, finalmente, creadores?

La clave está en deconstruir aquello que damos por sentado. Les comparto el caso práctico de cómo utilicé un clásico universal, Caperucita Roja, para desarrollar las habilidades blandas (soft skills) en educación y descubrir nuevos talentos narrativos en el aula.


El experimento real: reimaginando Caperucita Roja

El objetivo de este experimento perseguía contar una historia y desmantelarla para construir nuevas narrativas, obligando a los alumnos a analizar roles y conflictos desde múltiples ópticas.


La metodología del análisis dramático

1. Estructura tangible: roles, conflicto y desenlace

Comenzamos con una sesión de lectura dramatizada del cuento de Caperucita Roja. Una vez asimilada la versión canónica, la desglosamos en sus elementos esenciales:

  • Personajes y roles fijos: Caperucita (la inocente víctima), Abuelita (la frágil), Lobo (el villano), Cazador (el héroe/solucionador).
  • Conflicto central: engaño, desobediencia y peligro en el bosque.
  • Desenlace: la intervención de un tercero (el cazador) que restablece el orden.

2. La deconstrucción crítica (activando el pensamiento)

Aquí se inició el juego de roles dramático propiamente dicho. Invité al alumnado a cuestionar la estructura:

  • Pregunta de impacto: “¿Y si el lobo no fuera el villano?”
  • Inversión de roles: los estudiantes propusieron distintas teorías. ¿Qué pasa si Caperucita es un personaje secundario y el verdadero conflicto es la Abuelita (dueña de una receta secreta) frente al Cazador, que quiere apoderarse del bosque?

Esta simple invitación: liberar a los personajes de su destino canónico, forzó a los alumnos a activar su pensamiento crítico. No interpretaban; analizaban motivaciones y posibles tramas ocultas.

Clave pedagógica: La deconstrucción de arquetipos literarios es una herramienta para la argumentación. Para justificar que la Abuelita sea la antagonista, el alumno debe construir una cadena lógica de porqués y cómos, ejercitando el razonamiento crítico.


Resultados: de la crítica a la creación de historias

Tras una intensa sesión de debate y expresión oral avanzada, donde cada alumno defendía su teoría sobre los posibles nuevos roles de los personajes, logramos una meta asombrosa:

Múltiples ópticas y argumentación

Los alumnos demostraron una capacidad admirable para proponer conflictos reimaginados (pensamiento crítico en acción), creando teorías sólidas como:

  • Una historia centrada en el Cazador, que en realidad es un agente inmobiliario que quiere talar el bosque (conflicto ecológico).
  • Una versión donde el Lobo y Caperucita son cómplices que intentan escapar de la Abuelita sobreprotectora (conflicto familiar).
  • El encuentro de dos Caperucitas, primas sin saberlo, que tienen la misma abuelita (conflicto familiar).

Fomento de habilidades blandas (soft skills)

El ejercicio potenció la escucha activa (necesaria para refutar la teoría del compañero) y el trabajo en equipo (para construir una trama coherente).

El nacimiento de escritores

Lo más gratificante fue la excelente proyección creativa de las historias. Al comprender que la estructura era maleable, los estudiantes generaron narrativas completas, originales y profundas.

La deconstrucción de Caperucita Roja fue un juego y un trampolín directo para el desarrollo de la creatividad narrativa y la expresión oral avanzada, albergando la esperanza de crear nuevos escritores.


Conclusión: el poder del analista dramático

El juego de roles dramático no solo mejora la oratoria: es una puerta de entrada a la argumentación y al pensamiento crítico.

Al despojar a los alumnos de la comodidad del guion, les entregamos la responsabilidad de la creación. La necesidad de justificar una reimaginación impulsa el análisis lógico, transforma la expresión oral avanzada en una habilidad estratégica y demuestra que una herramienta pedagógica eficaz a menudo reside en cuestionar lo que siempre se ha dado por cierto.

¿Qué otro arquetipo literario universal está esperando ser deconstruido en tu aula para liberar el potencial crítico y creativo de tus alumnos?

La voz del narrador: reflejos de la vida

El narrador es una de las figuras más poderosas dentro de la literatura de ficción. Es más, afirmaría que sin narrador no hay relato. Decide qué se cuenta y qué se omite, otorgando sentido al mundo narrativo. Además, la ficción no existe como “realidad autónoma”, sino que existe porque alguien la cuenta.

Su papel trasciende la mera transmisión de los hechos; es el arquitecto de la trama, el guía de los personajes y la voz que da vida a la historia. En muchos sentidos, el narrador, además de un elemento literario, representa la metáfora de la vida misma. Igual que el narrador toma las riendas del relato, en la realidad, cada persona tiene la capacidad (o la responsabilidad) de escribir su propio destino.

Habrás visto que existen varios tipos de narradores. La elección de uno u otro va a depender de tus intenciones como escritor. Puedes controlar la focalización del lector. Tú decidirás si el lector accede a una visión completa (omnisciente) o limitada (testigo, protagonista). También manejarás el modo en que se transmite la información (cronológico, fragmentado, caótico), lo que podrá afectar a la percepción de la trama. En tus manos tienes la capacidad de guiar, manipular o incluso engañar al lector…

En fin, hay una variedad de estrategias en manos del autor para modelar la ética y la interpretación; para establecer reglas que fundamenten la verosimilitud del relato. Es quien te dice qué vas a leer y qué vas a creer dentro del universo que está construyendo.

El narrador omnisciente, aquel que todo lo ve y todo lo sabe, es similar a quien tiene plena conciencia de su vida, de su pasado y de su presente, y que puede anticipar, con cierto margen de error, lo que sucederá si toma un camino u otro. Este tipo de narrador nos recuerda que, aunque no podamos controlar cada circunstancia, sí tenemos el poder de interpretar los hechos y de dotarlos de significado. Es un reflejo de la madurez que se alcanza cuando comprendemos que la vida no solo ocurre, sino que la construimos con nuestras decisiones y narrativas internas.

Por otro lado, el narrador en primera persona nos sumerge en una visión más subjetiva, limitada por su propia percepción. Es el narrador que descubre la realidad al mismo tiempo que el lector, y muchas veces, al igual que nosotros, duda, se equivoca y se transforma con el transcurso de los acontecimientos. Representa a aquellos que aún buscan su voz, que exploran su identidad y que, en el proceso de contar su historia, terminan por comprenderse a sí mismos. En este sentido, escribir –y por extensión, vivir– es un acto de autodescubrimiento.

Aquí radica la catarsis de la literatura. Al escribir, el autor construye mundos ficticios, pero también se encuentra a sí mismo en el proceso. Cada historia es un reflejo, una exploración de miedos, anhelos y recuerdos que, al plasmarse en palabras, adquieren sentido y permiten una liberación emocional.

La literatura es un espacio donde el narrador puede salvar o condenar a sus personajes, del mismo modo en que cada individuo, en la vida real, puede transformarse a sí mismo según la historia que elija contar sobre su propia existencia.

Cuando el escritor encuentra la voz propia, se convierte en el dueño absoluto de la historia. Y ese poder narrativo pertenece a la ficción y a la vida misma: cada uno es su propio narrador, con la capacidad de dar forma al relato personal. La clave está en asumir ese rol con plena conciencia, entendiendo que no somos meros personajes secundarios en una trama ajena, sino los protagonistas de nuestra propia historia. En definitiva, escribir, y vivir, es un acto de valentía, porque al tomar las riendas de la narración, también tomamos las riendas de nuestra existencia.

Espero haberte ayudado a entender la responsabilidad del narrador. Es poderoso porque transmite la historia y al mismo tiempo la constituye; administra la información, orienta la mirada del lector, imprime un tono ético y legitima la verosimilitud del relato. Sin esa voz, los hechos permanecerían mudos e incapaces de conmover, pues es el narrador quien convierte la sucesión de acontecimientos en una experiencia literaria viva.

El último mensaje (versión escolar)

El último mensaje supuso un reto inesperado dentro de mi proceso creativo. Escribir para jóvenes lectores es mi enorme pasión y el entorno donde me siento más cómodo y “protegido”.

Sin embargo, alentado por el empuje de un amigo, decidí abrir la puerta a un género que siempre me ha fascinado: el policíaco. Y, en un intento consciente por romper con todo lo que me ofrecía confort, me alejé incluso de las Islas Canarias para trasladar personajes y tramas a la ficticia Sylvanville, una apacible localidad canadiense, ubicada en un valle a los pies de las montañas Peakshire Range. (Algún día explicaré por qué elegí Canadá).

El proceso creativo fue apasionante. Cuanto más me adentraba en la mente de los personajes y levantaba las calles y rincones de la ciudad, más regresaba a mi propia infancia: a aquellas tardes infinitas junto a mi hermano Angel Manuel Armas Perez construyendo ciudades, castillos, molinos y barcos con piezas de Lego. Esa misma ilusión volvió a encenderse mientras daba vida al escritor Michael Whitmore, a la reconocida reportera Anne Harrington y al anciano Oliver Silverman, los protagonistas que se reencuentran tras años de distancia para enfrentarse a un misterio que marcará sus vidas.

Ahora, que la versión escolar llegará a las manos de decenas de lectores adolescentes por primera vez, siento curiosidad por conocer qué inquietudes puede despertar la lectura. Sobre todo, quiero saber cómo podré transmitirles que dentro de ellos existe su historia con los personajes, sus conflictos y el espacio narrativo esperando a ver la luz.

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¿Cómo te lo cuento?: la herramienta eficaz para desarrollar la expresión escrita y la comprensión lectora.

Repartí un folio en blanco para cada estudiante:

―Redacta algo que consideres relevante en tu vida.

Pedro miró la hoja en blanco con el ceño fruncido. Parecía que el lápiz le pesaba demasiado.

―No sé qué escribir… ―murmuró, bajando la cabeza.

Entonces, pedí que dejara el lápiz en la mesa y le propuse algo distinto:

―Olvida por un momento el papel. Cuéntamelo como si fuera una historia para mí. Usa tu voz, tus gestos, tu emoción.

De pronto, las palabras empezaron a fluir. Pedro narraba con entusiasmo, se despertaron los personajes, inventaba giros inesperados. Cuando finalmente le pedí que lo escribiera, el niño bloqueado ante la página se había convertido en un narrador con algo que contar.

La experiencia de Pedro no es aislada. En el aula, he comprobado una y otra vez que antes de escribir necesitamos contar. La oralidad es el ensayo general de la escritura. Permite ordenar ideas, seleccionar palabras, experimentar con las emociones y, sobre todo, atreverse a empezar.

De ahí nació mi libro, ¿Cómo te lo cuento?, una propuesta pedagógica sencilla pero eficaz: convertir la narración tradicional en un puente natural hacia la expresión escrita y la comprensión lectora.

¿Qué beneficios aporta esta herramienta?
Cuando dejamos que los alumnos cuenten antes de escribir, ocurren cosas sorprendentes:

La escritura fluye con más naturalidad: el relato oral ya les dio estructura.
La comprensión lectora se profundiza: deben entender lo que leen para poder contarlo.
La creatividad se expande: al narrar, se les permite improvisar, probar, inventar.
La confianza crece: ya no enfrentan solos la hoja en blanco, sino que llevan consigo su propia voz.

En sesiones de apenas 15 o 20 minutos diarios, puedes transformar el aula: la palabra escrita deja de ser un muro y se convierte en la prolongación de la voz.

Un pequeño ejemplo…
Leímos juntos un cuento breve. Luego pedí a los alumnos que lo contaran de nuevo, con sus propias palabras. Clara levantó la mano, se puso de pie y comenzó:

―Había una niña que guardaba un secreto… un secreto que nadie en el pueblo debía descubrir…

La voz bajaba y subía, los gestos acompañaban, los demás contenían la respiración. De pronto, Clara se detuvo en el momento más intenso de la historia. Todos la miraban expectantes.

—¿Y qué pasó después? —preguntaron varios a la vez.

Clara sonrió… y ahí detuve la actividad.

¿Qué logramos? ¡El poder de la expectativa!
Un silencio cargado de intriga vale más que mil explicaciones. El relato no solo había sido entendido: había sido vivido. Esa vivencia emocional es la que después se traduce en el gozo de escribir, de enriquecer la expresión y de leer con más profundidad.

Los cuentos tradicionales, muchos de tradición oral, despiertan la curiosidad, refuerzan la memoria y otorgan al alumno un rol activo: lo transformamos de mero lector a contador de historias.

Una invitación
La propuesta de ¿Cómo te lo cuento? es clara: aprovéchate de los cuentos tradicionales; antes de escribir, cuéntalo. Con la voz, con los gestos, con las emociones. Lo que empieza como un juego se convierte en un hábito poderoso para aprender a leer y a escribir con sentido.

¿Te animas a probarlo en tu aula?
En mi libro comparto experiencias, ejemplos y actividades listas para llevar al día a día. Quizás descubras, como yo, que cuando dejamos que los alumnos cuenten primero… la escritura ya nunca vuelve a ser un obstáculo.

Promoviendo la lectoescritura desde las aulas: la experiencia del CEIP Acentejo (Tenerife)

El inicio de un nuevo curso escolar es una excelente oportunidad para despertar en nuestros niños y niñas la curiosidad por leer, escribir y crear. Desde las aulas, maestras y maestros impulsan este camino con estrategias que también pueden acompañarse desde casa: dedicar un espacio especial para la lectura, organizar tiempos de estudio y descanso, fomentar la seguridad emocional y, sobre todo, disfrutar de momentos compartidos en torno a los libros. 📚💡

En nuestro programa contaremos con la experiencia de Rosa Delia Herrera González, maestra del CEIP Acentejo, y de Miguel Ángel García. Compartimos experiencias, consejos prácticos para familias y docentes, y recursos como el “Paseo literario”. Esta es una propuesta que conecta la lectura con el entorno real de los estudiantes, transformando cada historia en una experiencia vivencial.

Leer enriquece el aprendizaje y fortalece la creatividad, la imaginación y los lazos familiares y comunitarios.

Sigamos sembrando juntos el amor por las palabras y la magia de las historias. 🌟