La narración y la descripción

Mezclar narración y descripción.
Un relato alterna (no siempre) los pasajes narrativos con los descriptivos. Cuando narramos una historia, estamos contando los hechos y ello implica las acciones. Lo siguiente es un simple ejemplo:

«Entré al cine, me detuve a comprar un refresco antes de comenzar la película» (pasaje narrativo).

La descripción envuelve el mundo donde transcurren los hechos:

«Entré al cine abarrotado. Espectadores, confusión y una larga cola de espera para comprar un refresco antes de comenzar la película.

Mediante la narración contamos qué pasó. Para ello usamos verbos. En la descripción explicamos cómo es y utilizamos los sustantivos, los adjetivos y los adverbios.

En una novela bien elaborada la descripción no es independiente, sino que está al servicio de la narración; la amplía y la enriquece.

Ejemplo de descripción:

«Las calles que daban a la plaza, tortuosas, tenebrosas, con una iluminación moribunda, parecían deshabitadas. Y en el silencio la campana de la catedral tocaba lentamente a ánimas.» (El crimen del padre Amaro – Eça de Queiroz)

Ejemplo de descripción y narración:

«La lamparilla agonizaba en la cabecera de la cama; y la pobre vieja, con una lúgubre cofia de punto negro que volvía más lívida su carita arrugada como una manzana reineta, abultando casi imperceptiblemente bajo la ropa de cama, fijaba en todos, con temor, sus ojillos cóncavos y llorosos.» (El crimen del padre Amaro – Eça de Queiroz)

Presentación del libro-día del libro 2021

El 23 de abril de 2021, Día Internacional del Libro, tuve la anhelada experiencia de compartir con San Juan de la Rambla el proyecto de Las aventuras de Sebastián. Fue un acto entrañable, con un público exacto, los que la pandemia permitió. Sin embargo, el municipio estuvo cariñosamente representado por don Tomás Oramas, concejal de Cultura, el teniente de alcalde don Juan Ramos y la edil doña Gloria Méndez.

Mi amigo, Pedro Gómez Barreto, condujo el acto con la ágil dinámica de toda su experiencia en el ámbito del protocolo, hilvanando con pulcritud cada momento y haciéndome llegar el cariño sincero con el que se organizó el evento.

Tengo que dejar constancia explícita de mi eterna gratitud y compartir con todo el municipio estas obras que concebí para devolver el favor al pueblo que me vio crecer. Me centré en ello. Entre los invitados estaban los «culpables» de la existencia de Las aventuras de Sebastián. Desde la madre que tanto insistió, hasta el doctor Ivanevsky, artífice de las maravillosas ilustraciones, pasando por los amigos de la infancia, cómplices de las aventuras; mis maestros, didactas inspiradores, abnegados y pacientes. Y la villa, como la suma de sus pobladores, representada por las autoridades (también tuvo parte de la «culpa»).

Hace un año, cuando empecé a teclear las primeras palabras del relato, se me hacía imposible pensar que no podría presentar la obra en San Juan de la Rambla: mostrarla a los cómplices, a los culpables, a los ciudadanos. En definitiva, a los testigos de nuestra formación e integración en la sociedad como ciudadanos «con fundamento» (como dirían nuestros padres). Crecimos protegidos por los vecinos, por su instinto natural de grupo. Los niños, que jugábamos ajenos a los peligros del mundo, podíamos hacerlo, preservados por los ojos atentos de los vecinos. Y en ese refugio nos convertimos en hombres y mujeres.

En el recorrido nace Las aventuras de Sebastián: las peripecias y ocurrencias ingenuas y creativas de los muchachos de la calle Malaya.

Es ficción, cierto, pero el espíritu de aquella etapa de nuestras vidas vaga por sus páginas, en cada anécdota e incidente.

Quise empezar por el final. Por el último y tenaz trabajo del magnífico ilustrador, que puso broche de oro al texto. El doctor Ivanevsky estuvo presente de manera virtual. También nombré a Juan Antonio (Mestura Estudio), responsable del diseño de portada y contraportada, a Mª Carmen Gallot (Estilográficas Corrección), exigente profesional y encargada de hacer un minucioso repaso del estilo y corrección ortotipográfica. Cité a la imprenta Grafiexpress, que siempre ha encontrado un hueco cuando he necesitado ejemplares con urgencia…

Como puedes ver, un libro no nace solo. Hay un equipo detrás. He tenido la suerte de haberme rodeado por manos profesionales y expertas para dar más lustre a un proyecto que representa al pueblo de San Juan de la Rambla, al menos a un momento histórico relevante para mi y para los que convivieron conmigo.

Mis hermanos-músicos estuvieron allí, pacientes. Un cuarteto que interpretó brillantes obras clásicas, perfectas para la ocasión. Mi gratitud va para ellos también, para Marinieves y para Damián, que representan a todos los demás: mis hermanos-músicos, repito. Porque era necesario que estuvieran, imprescindible, diría yo. Las bandas de música no podían faltar en Las aventuras de Sebastián; dentro de su seno crecí y dentro de su seno también aprendí un código «secreto» y universal: ¡el único lenguaje escrito con el que toda la humanidad puede comunicarse! ¿Cómo podían faltar?

El resto, o sea, comentar el contenido de los libros, no es necesario. Quedarán como un legado más para su consulta cuando las generaciones futuras quieran evocar el San Juan de la Rambla de los años 70 y 80, del siglo XX. Un granito de arena para sumar a la rica historia de este municipio, y desde un punto de vista distinto: la ficción.

Recibí el dibujo de un pedacito de mi pueblo, obra original y certificada del artista canario Leonardo Izquierdo y un bolígrafo con el nombre de mi villa impreso. Objetos que conservaré con orgullo y que evocarán este encuentro, sin duda.

Muchísimas gracias.

Un saludo desde Méjico

Ivanevsky heredó el arte de pintar de su padre. Cuando creció, lo convirtió en su vocación y desde los 15 años se dedicó por entero a esta creativa profesión.

Entendió a la perfección la personalidad e idiosincrasia de San Juan de la Rambla y puso cara y espíritu a los personajes de la obra.

Ha sido una experiencia gratificante; un orgullo haber podido contar con una mano experta y con la especial sensibilidad que aportó a la obra.

Autoentrevista, 4ª parte

―Los libros están profesionalmente ilustrados. ¿Cómo llegó a la idea de añadir los dibujos?

―Me alegro formularme esa pregunta ―dije para mí―. Ya nombré a Mª Carmen Gallot y ahora me toca hablar de Ivan Tapia, mejor dicho, del doctor Ivanevsky. Es un genio con un lápiz en la mano. Lo he visto trabajar en su canal de YouTube, por cierto, tiene 158.000 suscriptores de todo el mundo. Ivanevsky imparte cursos online y mi mujer, por fortuna, participó en uno. Teníamos su contacto. En un principio pensé que no iba a hacer un trabajo para un mindundi como yo.

Pero hubo una conexión inmediata. Respondió positivamente a mi propuesta y nos pusimos manos a la obra. Desde Canarias enviaba mis ideas a Méjico y gracias a las redes, whatsapp, correo electrónico, fue fácil mantenernos en contacto. Ventajas de las nuevas tecnologías.

―Ivanevsky captó la idea. Los personajes no son caricaturizados, ¿verdad?

―Cierto. Su estilo se adecúa a mi propósito. Los personajes son simpáticos, desenfadados, ingenuos. Unos niños felices que se mueven en un entorno rural. Iván lo plasmó con acierto. No hicieron falta demasiadas explicaciones. Le envié vídeos de San Juan de la Rambla y fotos de los escenarios donde quería colocarlos, pero también dejé total libertad porque confiaba en el resultado. Supo poner el foco en el personaje con precisión profesional.

―¿Siguiente obra?¿Habrá más historias de Sebastián?

―De momento quiero dejar descansar a los personajes. Como me pasó con el primer libro, necesito distanciarme y dejar que el público lo lea. Estoy trabajando en otro proyecto. Un salto de la ficción a la fantasía.

―¿Qué diferencia hay?

―La ficción da mucha libertad, pero la fantasía es la pura libertad.

―¿Por ejemplo?

―En cierto modo, cuando estoy escribiendo ficción hay aspectos que tienen que respetarse para darle verosimilitud al relato. Un ejemplo, la villa cuenta con una imagen de San Juan Bautista, patrono del pueblo y otra de San Juan Evangelista, que es más pequeña y le decimos «San Juanito». Yo lo usé como apodo para San Juan Bautista, y no sé si mis vecinos me perdonarán por ello. Pero necesitaba ese recurso.

En la fantasía todo es posible: levitar, viajar a la velocidad de la luz… Digamos que podemos hacer todo lo que deseamos aun a pesar de la gravedad o cualquier otra limitación.

Autoentrevista, 3ª parte

―Mencionó Atrapada en el tiempo. ¿Por qué no continuar con la segunda parte de Las aventuras de Sebastián?

Atrapada en el tiempo

―La verdad es que la pregunta tiene lógica, pero hay una cuestión práctica. Necesitaba poner distancia entre Sebastián y yo durante un tiempo. Fueron meses muy intensos. No esperaba producir un libro y pagué la novatada con el triple de trabajo.

Mientras tanto, recuperé un guion que tenía hecho para participar con mis alumnos en el CINEDFEST. El título original era Alba. Con esa idea comencé a tirar del hilo en torno a la protagonista. Fue más fácil porque partía de un guion con nudo y desenlace, aunque me demoré más tiempo en concluirla a pesar de que es más corta.

―Ya tenía dos novelas escritas. ¿De qué sirvió la experiencia de Las aventuras de Sebastián 1?

―Escribir es más placentero que publicar. En realidad, Las aventuras de Sebastián 1 la terminé en nueve días. Poco más de una intensa semana a razón de unas 4.000 palabras diarias. Lo difícil fue dedicar tiempo a la corrección. Con Atrapada en el tiempo decidí poner el manuscrito en manos profesionales. Encontré a Mª del Carmen Gallot (Estilográficas), y envié el documento. El resultado fue brillante.

―¿Los correctores de estilo y ortotipográficos modifican la obra original?

―En absoluto. Quien piense así está en las antípodas de la literatura. Es muy complicado redactar 4000 palabras diarias sin que se escapen errores. A veces estás borrando textos para modificar escenas y olvidas añadir o quitar algo, corregir tiempos verbales, repeticiones innecesarias… Yo soy muy despistado. Pero el corrector se acerca a la obra desde una perspectiva totalmente diferente. No va a valorar el texto, va a pulirlo y a detectar incoherencias, falta de cohesión; a revisar a fondo la ortografía, la gramática, los tiempos verbales. Al final es el mismo texto, pero con brillo.

Los correctores son imprescindibles si se quiere publicar un libro. Me di cuenta después de las horas que dediqué a corregir Las aventuras de Sebastián 1. Hoy sigo encontrando errores ―lo confesé ― . Y no pienso volver a publicar nada que no pase por un corrector.

―¿Y cuándo surgió la idea de la segunda parte?

―Creo que fue la acogida inesperada que tuvo la primera obra. Hice una impresión de 50 ejemplares que desaparecieron rápidos, luego 100 más que también se agotaron, y otros 50 de los que apenas me quedan unas docenas. Además, tengo unos 100 libros disponibles en la distribuidora de la editorial Círculo Rojo (cclibros).

―Tuvo tiempo de llegar a conclusiones después de un par de centenares de lectores.

―Exacto. Ya tenia material para hacer una estadística. Hubo una buena acogida. También he de decir que jugaba en casa, en mi propio territorio. No sé lo que pasaría si la obra trascendiera.

Mi primera intención era escribir para los niños en torno a los 11 años, pero, sin querer, la obra para niños quedó apta para todos los públicos. Y me atrevo a decir que, tal vez guste más a los lectores de mi generación: los que vivieron la Educación General Básica, la añorada E.G.B. Disfrutan mucho recordando las historias. Hay mucho lector nostálgico que se ríe y se emociona con el recuerdo.

Continuará…

Autoentrevista, 2ª parte

―Recopilemos. Gracias o por culpa de un virus, dice usted, el tiempo quedó a su disposición para emplearlo en escribir. Surgió la idea de narrar una historia inspirada en la infancia. ¿San Juan de la Rambla?

En mi trabajo

―San Juan de la Rambla es un maravilloso pueblo que representa y simboliza muy bien la idiosincrasia de cualquier lugar similar. Ahí crecí y conviví con mis amigos y vecinos durante décadas.

―¿Qué papel juega la villa?¿El pueblo es protagonista como ocurre en la serie Hierro de Movistar?

―Efectivamente. El pueblo no es solo un escenario donde se mueven los personajes. Los vecinos se presentan como un colectivo que reacciona en conjunto. El mar está vivo, igual que la montaña o el mismo cementerio. La participación no es individual, salvo la de algunos adultos como los maestros o madre y padres de los niños, sino en forma de enjambre.

―¿Qué escritores te han inspirado?

―¡Ahora que caigo, no me lo había planteado hasta este momento! ―no quería preguntarme eso, pero he de asumir que alguien lo podría hacer por mi. Entonces me explico―: he escrito sin consultar fuentes, sinceramente. Esta obra fue muy espontánea. Dejé que fluyera la historia, sin planes concebidos y permití a los personajes que me llevaran por el derrotero que les placiera. Pero he de decir que en cuanto a literatura juvenil se refiere, Michael Ende fue un autor que me gustó mucho en mi juventud. ―Luego de reflexionar un poco añadí―: Ferenc Molnar y su historia de Los muchachos de la calle Pal, tuvo parte de culpa también y por esa razón está incluido explícitamente en la primera parte. Corazón, de Edmundo de Amicis, La guerra de los botones, de Louis Pergaud, o La escuela de don Cato, de Tomás Salvador, son obras que giran en torno a grupos de niños y aventuras. Fueron lecturas inspiradoras en su momento. Tienen su peso en la concepción de esta historia y es un homenaje a sus autores.

―¿Por qué ha escrito una segunda parte?

―Creo que se me quedaron algunos aspectos en el tintero. La idea de 9 capítulos más 1 epílogo sumaba, en total, 10 partes. Es la edad que tenían mis hijos en el momento de concebir esta obra. No quería extenderme para cuadrar la operación matemática: 10 años, 10 partes.

―¿Qué se quedó en el tintero?

―San Juan de la Rambla tiene una tradición musical relevante. En la primera parte hago referencia a ella y quería ahondar en el momento que los muchachos de la calle Malaya comienzan a estudiar música con el objetivo de formar parte de la banda.

Por otra parte ―añadí―, la religión siempre ha tenido un papel importante en el desarrollo de un pueblo. Las fiestas giran en torno a ella. No podía dejar de reflejar este hecho.

―Hay retazos históricos en la obra, ¿verdad?

―En realidad hay historia ficticia en Las aventuras de Sebastián. Usé el mundo aborigen canario como un pretexto didáctico más que literario. En la segunda parte, también hago referencia a hechos históricos explicando cómo pudiera haber sido la llegada de colonos portugueses y la evolución en una familia que desemboca en uno de los personajes más carismáticos de la obra, Carmelo, alias, Caramelo.

―¿Un pretexto didáctico? ¿Tiene alguna finalidad pedagógica?

―No me veo haciendo algo sin una finalidad pedagógica. Puedo decir que es un defecto profesional. Llevo décadas dedicado a la docencia y eso pesa mucho. Las Aventuras de Sebastián o Atrapada en el tiempo tienen potencial para ser trabajadas, incluso, diría yo, desde distintas materias: Matemáticas, Historia, Biología, Lengua Castellana, Inglés, Valores…

Continuará…

Autoentrevista, 1ª parte

¡Heme aquí! Yo conmigo mismo, clavando los dedos en las teclas del ordenador sobremesa con el objetivo de auto entrevistarme. Suena vanidoso, ¿verdad?, pero tiene su explicación: el día 23 de abril tendré, ¡por fin!, la ocasión de compartir la experiencia narrativa con los lectores.

Mi abuela hubiera dicho «¡si Dios quiere!». Ahora tendríamos que añadir «¡o si el COVID nos deja!».

Aquí estoy, organizando las ideas. Entre clic y clic, me detengo para cruzar los dedos cuando pienso en la palabra «fase» y en números que van del 1 al 4. Después de implorar al techo, sigo tecleando con renovado entusiasmo.

Me resulta más complicado pensar las preguntas. Sería más fácil si alguien me hiciera hablar. ¡Ay! ¡Entonces sí que no me iba a callar! Pero de momento estoy conmigo mismo y he llegado a la siguiente conclusión como punto de partida: «soy un escritor novel», pienso, por no decir un «novato». Continuo: «con escasa experiencia en la edición, con errores y aciertos desequilibrados»:

―¿Qué le llevó a empezar a escribir? ―comienzo.

―Buena pregunta ―me digo con fingida sorpresa (¡como si no lo supiera!)―. Esa respuesta me la sé. ―respondo―: siempre ha existido eso que llaman un «gusanito». Creo que lo he dejado crecer mucho durante demasiado tiempo. Me ponía excusas del estilo «no sé qué escribir… Mañana… Mejor cuando me jubile». Pero el 14 de marzo de 2020 (en mi caso) me encerraron en casa de manera «indefinida».

El entrevistador me mira. Creo que le ha parecido un típico tópico. No le hago caso. Cogí el atajo. ¿Qué le digo? ¿Anhelo?, ¿deseo?, ¿inspiración?. ¡Si da igual! Me quedo con el gusanillo y lo dejo como está. ¡Hala!

―Deduzco que el confinamiento fue una especie de empujón. ¿Lo esperaba? ¿Es así?

―No es mala deducción ―vuelvo al hilo de la autoentrevista―. No lo esperaba, como tampoco lo esperaba nadie en el mundo, supongo. La vida se detuvo en muchos aspectos. De repente dejé de hacer cientos de kilómetros. Las aficiones quedaron suspendidas, las actividades extraescolares también… Todo el tiempo invertido en este ir y venir quedó a mi disposición.

―¿Mucho tiempo?

―Caí en la cuenta de que empleaba muchas horas al día. No horas fútiles, pero sí demasiadas en esa parte de la vida que podemos definir como «la logística».

―Dice la Real Academia de la Lengua que es el «conjunto de medios y métodos necesarios para llevar a cabo la organización de una empresa o de un servicio, especialmente de distribución». (No les miento, lectores, lo copié y pegué del diccionario. ¡Mea culpa!)

―Exacto. Invertimos buena parte de nuestra vida en organizar la otra parte. Quien come tiene que cocinar, quien cocina, tiene que abastecerse de ingredientes y de la energía (gas, en mi caso). Luego hay que recoger la mesa, fregar los platos, lavar el delantal, secarlo. ¿Y a quién no se le rompe un vaso? Habrá que reponerlo, ¿no?

―Ahora que lo pienso, tiene usted razón. Entonces, reducido el tiempo de «la logística», como dice, lo reinvirtió en escribir ―casi me doy por respondido en esta afirmación. Amplié la respuesta:

―Llegó un día en el que me senté a redactar una historia inspirada en mi infancia. Me centré en un grupo de amigos de la misma generación y esbocé la idea de relatar a mis hijos qué hubiera pasado si nos hubiéramos metido en tantos líos.

―Comenzó a fraguarse Las aventuras de Sebastián. ¿Verdad?

―Sí. Me sentaba cada noche frente al ordenador portátil. Mi hija se colocaba a mi lado. Ella observaba la pantalla curiosa. Las escenas se iban creando ante su atenta mirada. Tracé un plan para generarle intriga y la necesidad de seguir leyendo.

―Fue la lectora cero ―presumo.

―Mejor ―me corrijo―, fue la testigo cero. Pero además hizo un gran papel como correctora. A veces me equivocaba de personaje y ella lo subsanaba: «No es Mono, papá. Es Carmelo, el que antes mencionaste».

―Entonces, también fue la correctora cero.

―Me ayudó mucho. Pensé que, si lograba que ella se hiciera una imagen de las escenas, lograría transmitirlas a otros lectores. Ella no asistió al final de la obra. La dejé con la intriga. Hice un esfuerzo por acabarla a sus espaldas y dejar que leyera el resultado.

―¿Cómo lo valoró?

―Se sorprendió. Fue muy emotiva. No le gustó el giro que dieron algunos personajes y situaciones y tuve que prometerle que todo saldría bien.

―Sé que no se puede hablar del final porque se pierde la intriga, pero, ¿es triste?

―No quiero hablar del final, pero puedo afirmar que es muy equilibrado. Con la literatura tienes que tocar las emociones, sin duda. Si no lo logras, estás perdido.

Continuará…

Las escenas

Una película o una obra de teatro tiene múltiples escenas, unas veces narrativas, otras son diálogos, o reflexiones o descripciones. La suma de las escenas alimenta el argumento.

Cuando construimos una escena tenemos que tener en cuenta cómo trazar el argumento de nuestro relato: ¿Qué relación tiene con lo anterior y con la siguiente escena?

Vamos a suponer que deseamos describir un personaje desmotivado porque no quiere ir al colegio. Tiene un examen difícil que no ha estudiado, un abusón se comerá el bocadillo en la hora del recreo…  El OBJETIVO de la siguiente escena, que propongo como ejemplo, es describir esa desmotivación:

Alberto abrió los ojos y los volvió a cerrar de inmediato. Los párpados le pesaban más de lo habitual cuando se trataba de ir al cole. Le bastó un segundo para darse cuenta de que era la hora de salir de la cama, pero no quiso asumir el reto de enfrentar el nuevo día.

Arrebujado entre la cálida sábana de franela y el edredón grueso volvió a acomodarse en el mullido colchón donde se sentía protegido, como si aquellas mezclas de telas sintéticas y algodón fueran sólidas almenas de un imponente castillo, circundado por un profundo pozo, a su vez inundado con aguas fétidas, repleto de voraces cocodrilos y provisto de un consistente puente levadizo con trampas cruentas. Quería terminar el sueño donde los enemigos que lo sitiaban caían directos a los afilados dientes de los hambrientos reptiles, o morían ahogados en las infestadas aguas, cuando osaban asaltarlo.

Sitiado, pero feliz dentro de la seguridad de su refugio, no intentó desperezarse, y se entregó a la historia: desde las inalcanzables almenas, disparaba con puntería las flechas que procedían de un inagotable carcaj.

El diálogo narrativo

Los diálogos aportan credibilidad al relato.

Un buen diálogo añade realidad a la historia. ¿Cuántas veces hemos reproducido las palabras de una conversación en forma de diálogo? El narrador tiene la posibilidad de dejar que los propios personajes se expresen, informen y describan la acción. A través de sus palabras, el personaje puede desvelar su forma de pensar o sus emociones. Sobre todo, ES LA FORMA NARRATIVA MÁS CERCANA AL LECTOR.

Desde el punto de vista formal, es decir, a la hora de escribir un diálogo, recomiendo la lectura del uso de la raya (y no del guion) que explica la Real Academia de la Lengua Española.

En los textos narrativos, la conversación de un personaje se introduce con una raya:

Espero que todo salga bien —dijo Azucena con gesto ilusionado.

En este caso, cerramos la raya porque a continuación el narrador hace una acotación (da una explicación), estas acotaciones se llaman «incisos». Si queremos que el personaje siga hablando después del inciso, añadimos el signo de puntuación que mejor convenga (en este caso punto, coma y dos puntos):

—Lo principal es sentirse viva —explicó Pilar—. Afortunada o desafortunada, pero viva.

Lo principal es sentirse viva —añadió Pilar—, bien viva.

Anoche estuve en una fiesta —me confesó, y añadió: Conocí a personas muy interesantes.

Si necesitamos que el narrador ahonde en las explicaciones, comenzamos con una raya el inciso que hace el narrador:

No se moleste. —Cerró la puerta y salió de mala gana.

Aclarados los formalismos, podría decirse que no es la única fórmula para hacer hablar al personaje. Existen otras clases de diálogos que transgreden estas normas, como el discurso indirecto, el discurso libre; pero para empezar es suficiente conocer la base.

Pasemos a explicar qué condiciones han de reunir los diálogos para enriquecer el texto narrativo:

Naturalidad y precisión: Los personajes son seres vivos que se comunican entre ellos de manera natural. No hay que forzarlos. Las palabras de los personajes deben de ser las necesarias. Ejemplo de un diálogo entre un visitante y un personaje oriundo que lo acompaña:

―Yo soy de aquí mismo. Vivo allá por el Valleseco, que le decimos ―le desveló―. ¿Y a dónde va? ―preguntó con la curiosidad del nativo ávido de noticias del mundo al otro lado del océano.

―Quiero ir al norte de la isla. ¿Has estado?

―No, don Pedro. Eso es muy lejos. Yo me muevo por aquí cerca. A la mar pa pescar y al monte a por leña pa la cocina. Poco más.

Intencionalidad: Cuando se usa un diálogo en medio del relato hay un propósito. No se hace para rellenar huecos. Refleja la personalidad del personaje, está ligado al contexto de la trama, se abren vías, dudas, emociones… Ejemplo que deja ver la tristeza:

―De aquí se van todos los que ahorran veinte duros. Se echan al mar en cuanto pueden. Algunos regresan y se pasean ufanos ―dijo y apartó la mirada―. Otros no vuelven…

―¿Un esposo?

―Uno que lo pretendía ―respondió con la cabeza vuelta a la calle.

―Marchó y no ha vuelto, supongo.

―Algo así…

―Discúlpeme. No quiero ahondar en la herida.

―Ya no me duele. No se preocupe ―dijo y siguió el ajetreo de la calle con la mirada.

Fluidez: Los diálogos entre personajes deben de ser fluidos, tener un ritmo propio y esa fluidez ha de estar relacionada a la situación que se describe. Ejemplo de un interrogatorio:

―¿No insinuará…?―preguntó con los ojos abiertos.

―Lo afirmo.

―Yo no estaba.

―Hay testigos, hay pruebas ―insistió el policía.

Coherencia: Los diálogos han de coincidir con el registro de cada personaje y reflejar sus emociones en cada momento que interviene.

Verosimilitud: Hay que intentar que el diálogo sea creíble.

En la ficción no hay lugar para frases que no sean significativas; aun la conversación más intrascendente debe mostrar algo de los personajes implicados.

Literatura juvenil canaria. Literatura infantil canaria.