Tráfico ilegal

―Control rutinario ―dijo el agente secreto analizando mi equipaje―. ¿Qué transporta en esta bolsa?

―Cultura, agente ―respondí con voz trémula. ¡Me había descubierto!

―Ya veo. ―Extrajo el contenido de la maleta y exclamó con asombro―: ¡Ja! Nada más y nada menos que diez libros. Y… ¡¿de temática juvenil?!

―¡Eeeh! Ejem… Sí.

 ―¡¿Pero qué se ha creído?! ―bufó―. Qué poco empático. ¿Es que pretende usted perturbar a las criaturas, concentradas ante sus pantallas y sus juegos online? ¿¡Se ha vuelto loco!?

―Lo siento ―le digo resignado ante la evidencia de las pruebas. Extiendo las manos para que me espose.

―¡No le queda nada! Le encerrarán en la biblioteca principal ―me amenazó―. Máxima seguridad, ¿me entiende? Pasará unos cuantos añitos nada más que leyendo… Y por la cantidad de material ―añadió contando los ejemplares de nuevo―, seguro que va a tener que escribir también durante su condena. Todo dependerá de la benevolencia del juez. Pero no creo, no, no ―concluyó lanzando los libros en el contenedor de basura.


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