El último mensaje supuso un reto inesperado dentro de mi proceso creativo. Escribir para jóvenes lectores es mi enorme pasión y el entorno donde me siento más cómodo y “protegido”.
Sin embargo, alentado por el empuje de un amigo, decidí abrir la puerta a un género que siempre me ha fascinado: el policíaco. Y, en un intento consciente por romper con todo lo que me ofrecía confort, me alejé incluso de las Islas Canarias para trasladar personajes y tramas a la ficticia Sylvanville, una apacible localidad canadiense, ubicada en un valle a los pies de las montañas Peakshire Range. (Algún día explicaré por qué elegí Canadá).
El proceso creativo fue apasionante. Cuanto más me adentraba en la mente de los personajes y levantaba las calles y rincones de la ciudad, más regresaba a mi propia infancia: a aquellas tardes infinitas junto a mi hermano Angel Manuel Armas Perez construyendo ciudades, castillos, molinos y barcos con piezas de Lego. Esa misma ilusión volvió a encenderse mientras daba vida al escritor Michael Whitmore, a la reconocida reportera Anne Harrington y al anciano Oliver Silverman, los protagonistas que se reencuentran tras años de distancia para enfrentarse a un misterio que marcará sus vidas.
Ahora, que la versión escolar llegará a las manos de decenas de lectores adolescentes por primera vez, siento curiosidad por conocer qué inquietudes puede despertar la lectura. Sobre todo, quiero saber cómo podré transmitirles que dentro de ellos existe su historia con los personajes, sus conflictos y el espacio narrativo esperando a ver la luz.
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