Lectura dramatizada: herramienta pedagógica eficaz

La lectura dramatizada es una propuesta de herramienta efectiva para la comprensión lectora y la expresión oral.

Recientemente, y abusando de la confianza con mis colegas de 3º de Educación Primaria, puse en práctica un experimento con estudiantes de 8 años de dos grupos. Quería conocer qué impacto podía tener la lectura dramatizada como herramienta de evaluación de la comprensión lectora y de mejora de la expresión oral.

La técnica consistía en permitir a los estudiantes asumir roles dentro de una narración, interpretando a los personajes y siguiendo la entonación adecuada de cada intervención. Al adoptar este enfoque, perseguía fortalecer su capacidad de comprensión del texto y estimular su expresión oral y creatividad.

El experimento lo realicé seleccionando un cuento creado por mí, Brizna, el hada inconforme, con un nivel de lectura desafiante para el nivel y etapa educativa del alumnado.

Asigné roles de manera arbitraria, preguntando quién quería asumir el papel de cada personaje y quién el del narrador.

La narradora inició la lectura, explicando qué personajes entraban en escena. En el momento de comenzar el diálogo narrativo, pedí a la alumna, lectora-actriz, que «subiera a la rama del sauce llorón», pues era el lugar que indicaba el narrador. Al principio, me miraron con ojos de asombro, como si se preguntaran: «¿Qué quiere este loco?».

Luego, señalé una mesa vacía y les dije que ahí se encontraba la rama. La alumna, ávida de fantasía, se levantó y se sentó en la «rama» y entonces leyó su intervención.

Percibí de inmediato cómo se generaba una ola de curiosidad y entusiasmo por la propuesta de lectura.

A medida que avanzábamos en la escena, los estudiantes preferían adoptar el rol de lector-actor (activo) por encima del lector-pasivo (receptor). Sin excepciones, continué intercambiando roles respetando sus preferencias por interpretar uno u otro personaje.

Los estudiantes se esforzaban en adecuar el tono a la situación según requería el escenario.

Detuve la actividad en un momento clave del cuento, lo que aumentó la expectativa por continuar en la siguiente sesión.

Al analizar los resultados con mis compañeras, concluimos que la estrategia no solo mejoró la comprensión lectora, sino que también fortaleció la confianza del alumnado en su expresión oral. El alumnado, en ambas aulas, expresó el deseo de continuar, pues logramos crear expectación e intriga.

Como conclusión, puedo afirmar que la actividad fue motivadora. Creo que mejora la comprensión lectora, pero también fortalece la confianza del alumnado en su expresión oral.

En cuanto a las tutoras, responsables del grupo, la actividad les permitió una evaluación continua a través de la observación y la coevaluación, convirtiéndose en una herramienta pedagógica eficaz y motivadora.

Dedicar 20 minutos diarios a la lectura dramatizada puede marcar una gran diferencia en la forma en que los niños interpretan y disfrutan la lectura.

🎭¿Te animas a probarlo en el aula?


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